Aunque no relacionado con el tártago, el limón también se usa en la preparación de otras medicinas para enfermedades y malestares gastrointestinales: “el cocimiento teiforme del suco (el jugo) hasta darle un gusto agradable, es el refrigerante más apropiado para todos los casos de irritación en que convengan los ácidos. Algunas gotas del mismo suco se ponen en los cocimientos de linaza, cebada, arroz, etc., para hacerlos más eficaces. Cuando la limonada se quiere hacer a la vez tónica, se agregará a la infusión caliente un pedacito de la corteza, de esta manera se aplica en las diarreas y pujos. El jarabe que se prepara con este acido se usa así para los males indicados como para vehículo de otras medicinas. La corteza es sumamente apreciada por los que conocen sus virtudes médicas. Ella se toma en infusión caliente para entonar el estómago y expeler los flatos, agregándole algunos granos de anís, se coloca en el caldo, el atol, el vino, etc., a los mismos efectos. En las diarreas y pujos, se pone toda la corteza de un limón grande o dos pequeños en un jarro que contenga cuatro capas de agua de papelón y cuatro claras de huevo y, bien batido todo con molinillo, se toma en pequeñas dosis como de un tercio de vaso hasta que se concluya. A esta misma bebida se le agregan doce cucharadas de vino tinto al acto de batirla y se hace entonces mucho más eficaz” (pp. 125-126).
Añade Pompa: “Para la nociva enfermedad denominada vulgarmente bicho (laceraciones producidas por diarreas causadas, a su vez, por amibas), bastará colocar en el ano un gajo de limón y tomar frecuentemente limonadas” (p. 126).
Resulta, sin duda, curioso el uso del limón para el alivio de otros padecimientos: “En las cegueras recientes se aplica el zumo a los ojos con una plumita, se bañan estos con la limonada endulzada con azúcar o con el cocimiento de rosas y unas gotas del ácido. El limón asado y luego exprimido y asociado el zumo con aceite de almendras o de coco, es una untura eficaz para el hígado y para otras irritaciones. El limón asado se unta con pólvora en la peligrosa erupción denominada culebrilla y la destruye prontamente. Por último, tomadas dos cucharadas de caldo de limón colado y agregándole media onza o una cucharada de aceite de almendras y cuatro de aguardiente de cabeza, se reúne y bate bien todo esto para untarlo con unas plumas en las articulaciones que sufran por el reumatismo, cubriéndose luego las partes doloridas con unas bayetas sahumadas con romero” (pp. 126-127).
Otra planta usada en la fitoterapia, asociada con el pazote, es la verdolaga. Sobre la verdolaga. De esta, según Schnee (1984: 720), habría al menos tres especies en Venezuela: Portulaca halimoides, Portulaca marginata y Portulaca oleraceae. La halimoides y la oleraceae son muy frecuentes en las tierras de clima cálido.
Pompa señala sobre la verdolaga que “el cocimiento es muy usado para los niños que padecen de lombrices por sus propiedades refrigerantes y vermífugas. Las semillas pulverizadas se dan en dosis de dos dracmas en cocimiento de yerbabuena para hacérselas echar; asociadas a las de pazote son mucho más eficaces. En cualquier irritación, así interior como exterior, se toma con éxito el té de verdolaga con una cucharillita de carbón de coco y se aplican cataplasmas de la planta, sola o asociada con otras. El agua de verdolaga es mucho mejor restregando esta en aquella o poniéndola machacada en infusión. Para el hígado, se pone en este órgano una cataplasma molida con las claras de dos huevos de gallina y un poco de azúcar, añadiéndole al acto de ponerle un poquito de aceite de coco. Para la vista y otras enfermedades de los ojos, se les aplica el zumo colado con azúcar cande. Para las lombrices, se da el zumo con unas gotas de limón ácido. Para el dolor de cabeza, se aplica a la frente el zumo incorporado con el de la raíz de apio, en un paño embebido, el cual remudaraá cuando se seque. Prefiérese para estos medicamentos la que se cría en las tapias o escombros” (pp. 204-205).
Estas recomendaciones dan cuenta de los remedios naturales usados en una Venezuela pobre y rural, en la que los conocimientos tradicionales jugaban un papel fundamental.
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