Otra planta medicinal mencionada en la relación es el tártago (Ricinus communis). Schnee (1984: 682) señala que otros nombres que se le aplican son ricino, higuerilla, higuereta y castor. De hecho, Pittier (1978 [1926]) le da entrada por ricino: “Económicamente, el ricino es importante por el aceite que contienen sus semillas. Además de su popularidad como remedio casero laxante, este aceite es uno de los mejores lubricantes conocidos y tiene un valor industrial que alcanzó su máximum durante la gran guerra europea [Primera Guerra Mundial]. Se obtiene sea por ebullición o por presión hidráulica de las semillas, rindiendo las mejores variedades hasta más allá de 50% de su volumen. Otras partes de la planta tienen también valor industrial o terapéutico: las hojas se usan en la India para alimento de cierto gusano de seda y su infusión en baños para aliviar la lepra; aplicadas calientes en los pechos de las madres o nodrizas, activan la producción de la leche; la corteza de las raíces es purgativa, etc. Por supuesto, no debe perderse de vista que aun algunas pocas semillas, tragadas enteras, obran como un verdadero veneno. [/] La tierra de Venezuela parece eminentemente propia para la producción de la semilla de ricino, y algunas de las variedades que allí existen son especialmente ricas en aceite. Resuelto el problema de una extracción barata de este. el cultivo de la planta, como colateral a otros, merecería más atención por parte de los agricultores” (pp. 360-361).
Por su parte, Gerónimo Pompa en su libro Medicamentos indígenas (2017) le dedica un largo artículo (pp. 191-193) y señala que “Tártago (llámase también higuereta y, según otros, palmacristi): las hojas de este arbusto, aplicadas a cualquier inflamación externa, solas y amortiguadas antes por el fuego o por el Sol o bien empapadas en vino blanco, la corrigen obrando activamente por medio de la transpiración local. Cuando las hojas se hayan empapado de sudor deben remudarse, y así se continuará hasta que el mal desaparezca”.
De inmediato añade una interesante anécdota, que involucra a mujer indígena y por esa vía saberes y haceres ancestrales, aunque la identidad india atribuida a la mujer quizá sea genérica: “En un pueblo de la Nueva Granada padecía yo un día en 1814 un fuerte y desesperado dolor de muelas, y la patrona de mi alojamiento, que era una india, se apareció en mi cuarto con el designio de curarme con las hojas de tártago que, según me dijo, pensaba ponerme en la cerviz y espalda. Me reí en medio del dolor y rechacé el medicamento como inútil, diciendo a la buena mujer que lo que me dolía era una muela; pero habiendo ella insistido, asegurándome el éxito, consentí por pura atención: tomó entonces sus hojas, que serían tres como de regular tamaño, y habiendo hecho a cada una de ellas una cruz en el punto en que había sido cortado el tallo o pecíolo, me las colocó en el lugar indicado; púseme la camisa y luego la chaqueta de paño por exigencia de la curandera y, habiéndome echado en la cama, me dormí prontamente, permaneciendo así unas cuantas horas, al cabo de las cuales desperté ya sin el dolor. Las hojas, extraordinariamente sudadas, fueron reemplazadas por pura precaución, y yo, al encontrarme curado de tan raro modo y con tanta facilidad, me sentí avergonzado de haber pretendido saber más que una gente cuyo hábil y benéfico instinto médico parece guiado por la poderosa mano de la Naturaleza”. Se hace, pues, un reconocimiento y valoración positiva de la farmacopea tradicional. Probablemente, en este caso, no sea propiamente de origen indígena, por tratarse el tártago de una especie no nativa.
Continúa Pompa: “Las dichas hojas se aplican también del modo expresado a los dolores reumáticos, cólicos y otros. Tomándose de dieciséis a veinticuatro semillas detártago majadas, obrarán como el más eficaz purgante, bebiéndose encima un poco de agua tibia. El aceite que de ellas se extrae y que la farmacia denomina ricino, es utilísimo en la Medicina; tres o cuatro cucharadas sobre otras tantas de agua natural y dos de ginebra, incorporadas suavemente en un vaso, evitando que se mezclan [sic] las unas con las otras, es un purgante muy eficaz que no tiene mal sabor al tomarlo. Untado el aceite en el vientre de los niños que sufren de lombrices por varias noches consecutivas, ayuda mucho a la expulsión de estas, lo cual se consigue tomando el mismo aceite unido al pazote (véase [la entrada correspondiente]). En los lamedores pectorales entra también como uno de los ingredientes más importantes.”
Asimismo, Pompa cita al Dr. Benítez, quien sobre el tártago señala que “El aceite extraído de sus semillas se aplica en unturas para las inflamaciones crónicas y dureza de los órganos; para los dolores de cualquier parte del cuerpo por causa fría, y para la timpanitis o hidropesía de aire, untado al vientre y tomando algunas gotas en vino. Del mismo modo se ordena en el cólico miserere, en los infartos u obstrucciones del bazo, estómago y en el anquilosis, contracción o encogimiento de los miembros. Se unta también en el epigastrio, en la astricción del vientre y para arrojar las lombrices tomando algunas gotas en leche. Se instila en los oídos para la sordera. Seaplica en la cara para los barros y cicatrices. La cataplasma de sus hojas seordena en los tumores lácteos y dureza de las mamas. Sus hojas calientes seusan para combatir el reumatismo y los tumores crónicos, abrigando laspartes con ellas, y remudándolas con otras nuevas, varias veces al día. Secuelgan al cuello los pecíolos de las hojas cortados en pedazos y ensartadospara disminuir la leche a las recién paridas y para curar ciertas anginas y dolores de garganta. El aceite se da en cantidad de una o dos onzas en loscasos en que se necesitan los purgantes suaves”.
En relación al pazote o pasote (Chenopodium ambrosioides), Pompa señala que “Pazote: en algunas partes denominan a esta planta yerba sagrada. Es un tónico muy acreditado, que se aplica con éxito a las indigestiones y demás afecciones estomacales por debilidad o causa fría,tomado en infusión; así es que se aplica a los resfriados, cólicos ventosos y diarreas. El zumo, asociado con aceite de tártago, hace expeler las lombrices; al efecto, véase limón agrio. Al mismo fin, se administran las semillas pulverizadas en dosis de media onza en agua de verdolaga. En losporrazos y dislocaciones de los huesos, pónese la cataplasma de las hojas con aguardiente amoniacal o alcanforado. Puestas las hojas solas en uncolchoncito de tela no muy tupida y aplicado con unas cintas al hígado, lo cura radicalmente; ha de tenerse cuidado de renovar las hojas cuandose sequen. Este es un remedio admirable e infalible; pero ha de evacuarse periódicamente el enfermo con aceite de tártago” (p. 155).
Horacio Biord
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