Otra planta medicinal, de las reportadas para Guarenas en el siglo XIX, es la “rosa de montaña” (Brownea grandiceps). También llamada Rosa de cruz, Palo de cruz o Rosa de monte (Schnee 198: 637). De hecho, Pittier (1978 [1926]: 343-344 ) la reseña bajo la entrada de “Palo de cruz” y señala que “en cuanto a las notables propiedades medicinales, reales o supuestas, de esta planta, he aquí lo que dice Caulín en su historia (p. 27): “Así la rosa, como el palo, dado en decocción tiene virtud astringente, como la Rosa de Alexandría; y por eso lo aplican en disenterías, diarreas, etc. Lo más maravilloso de este Palo es que, aplicado a una cortadura, por profunda que sea, luego estanca la sangre; y separado vuelve a correr como antes corría, y por lo tanto lo aplican a los flujos inmódicos de las mujeres, colgado a las caderas. Descubrióse esta virtud del año de veinte y siete [1727 ?], en que un mozo de don Juan Meleros se cortó con una hacha un pie, que tenía sobre un trozo de este palo; y al ver, que no echaba sangre lo retiraron y corrió en abundancia; volviéronlo a aplicar al trozo, y repentinamente se detuvo; de este suceso se siguió después hacer varios experimentos con copiosos flujos de narices y otras partes, y se ha encontrado tener virtud astringente en sumo grado”.
Pittier cita a fray Antonio Caulín (1719-1802), misionero franciscano de larga actuación en el oriente de Venezuela en el siglo XVIII. En 1779 publicó, en dos tomos, la Historia coro-graphica, natural y evangelica de la Nueva Andalucía, provincias de Cumaná, Guayana y Vertientes del Rio Orinoco. Este libro fue publicado nuevamente por la Academia Nacional de la Historia en su Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Caulín se basa en obras de historiadores y cronistas anteriores, así como también en documentación inédita y en sus propias observaciones de campo.
Por su parte, Gerónimo Pompa en su célebre libro Medicamentos indígenas señala que “Rosa de montaña (llámase también palo de cruz): el cocimiento de la flor o del leño es un poderoso astringente, muy usado en otros tiempos para curar las diarreas, disenterías y pujos, que son tan perseverantes en esta capital. Aplicada la corteza o un pedazo de leño a cualquier herida reciente, por profunda que sea o a sus inmediaciones, estanca luego la sangre. Lo mismo acontece con todas las demás hemorragias; para los flujos uterinos o menstruales inmódicos de las mujeres, acostumbran las de los campos colgarse a la cintura unos pedacitos del leño, contentándose otras con llevar en la mano un bastón cortado del árbol; también lo llevan las personas de ambos sexos acometidas de otras hemorragias”.
Sobre los asertos anteriores, Pompa añade: “Puede esto ponerse en duda por algunos, pero a presencia de los hechos no hay razonamiento que valga. Lo que debieran hacer los señores profesores de la ciencia médica es no ser indiferentes a las preciosas medicinas que nos ofrece la flora venezolana; familiarizarse con ellas, examinarlas, mejorarlas y aplicarlas, con lo cual harían un bien a nuestra patria y a la humanidad”.
Tras el llamado a la medicina alopática. Pompa cita a José María Benítez: “Esta planta se reputa como astringente, por cuya razón se administra el cocimiento de su flor y de las rasuras de su tronco en las diarreas y disenterías crónicas. El polvo impalpable de la corteza y tronco tomado interiormente se usa para contener los flujos de sangre. Se dice que aplicando un pedazo del tronco sobre una herida cualquiera, restaña inmediatamente la sangre, y que puesto sobre la región sacrolumbar, contiene la hemorragia uterina. El cocimiento de las astillas del tronco se ordena en ciertas ictericias”.
José María Benítez (1790-1855) fue licenciado en medicina por la Pontificia Universidad de Santa Rosa de Lima, antecesora inmediata de la Universidad de Caracas, luego Universidad Central de Venezuela, y de la hoy Universidad Católica Santa Rosa. Conocedor de fitoterapias, se sintió atraído por el estudio de las plantas y su utilización para fines medicinales y utilitarios. Nació y murió en La Victoria (estado Aragua). La cita de Pompa debe provenir de la obra de Benítez titulada Memoria presentada a la sociedad médica de instrucción. Caracas, 1828. Es una muestra elocuente del interés que generaban los temas médicos y el uso de las plantas para curar enfermedades.
Horacio Biord
