Miguel Peña, fue abogado y político venezolano, nacido en Valencia (estado de Carabobo), el 29 de septiembre de 1780 y fallecido en su ciudad natal el 8 de febrero de 1833. El cual tuvo una destacada participación en el proceso de independencia y la vida política de su país.

Hijo mayor del primer matrimonio del comerciante canario don Ramón Peña y Garmendia, con María Antonia Páez también de igual origen. En 1806 obtuvo su título de Doctor en Jurisprudencia por la Universidad de Caracas, y un año después sirvió como Relator de la Real Audiencia; de allí marchó en 1809 hacia la isla británica de Trinidad para ejercer como abogado, pero, al año siguiente, regresó a su país para participar en el proceso de Independencia. Fue un destacado miembro de la Sociedad Patriótica, a la que representó en una comisión ante el Congreso de 4 de julio de 1811, cuando pronunció un discurso a favor de la proclamación de la Independencia. Peña fue uno de los que participó en este proceso desde un primer momento, razón por la cual el general Francisco de Miranda le nombró Gobernador Político de La Guaira en 1812. Tras la caída en manos de los realistas de este territorio, tuvo que refugiarse en Caracas, de donde partió a los valles de Arauga para contribuir al avance de las fuerzas que mandaba el general Simón Bolívar en su camino hacia Caracas. Poco después se formó un plan de gobierno para la Segunda República, en el cual se preveía que el general Bolívar ejerciera de manera provisional todos los poderes del Estado, y Peña propuso que se le confiriera al «Libertador» el poder dictatorial mientras durara la guerra.

No se puede hablar con propiedad sobre la Constitución de 1830 aprobada por el Congreso Constituyente de Valencia, el 22 de septiembre de 1830 y los sucesos de entonces sin invocar la presencia señera del combativo patriota, considerando que fue el Presidente del Congreso en esos momentos siendo diputado por la Provincia de Carabobo.​ En la etapa genitiva de la República de Venezuela independiente y soberana de 1830, cuando todo parecía presagiar calamidades y problemas y era tiempo de prueba para los mejores, la actitud y el comportamiento del Dr. Miguel Peña, fue la de un político de elevadas miras, la de un hombre de Estado en la acepción más pura del término y la de un legislador constituyente que sabía a ciencia cierta que era necesario trabajar con los materiales aportados por la realidad circundante para llevar a feliz término la exigente tarea de echar las bases constitucionales y políticas sólidas e inconmovibles de la naciente República.

Para esta delicada encomienda estaba especialmente preparado el valenciano, versado y diestro conocedor del Derecho Constitucional y las Ciencias Políticas de su tiempo. Hábil y elocuente en el manejo parlamentario supo batirse con adversarios y enemigos muy inteligentes y capaces, pendientes siempre de hacerle morder el polvo de la derrota.

Tanto desde el punto de vista técnico, en las sutilezas y en el fondo, la Constitución de 1830 lleva la huella profunda de su genio y de su pasión venezolana. En aquella gloriosa y también dolorosa contienda genésica, su verbo elocuentísimo iluminó los augustos salones de la hoy «Casa de la Estrella», emocionando siempre a la concurrencia con el encendido brillo de su preclaro talento.

Separación de Valencia y Caracas

Valencia sufría la opresión –de 300 años- que mantenía Caracas, al punto que los caraqueños clausuraron el puerto de Borburata para así construir el puerto de La Guaira e impedir que los valencianos tuvieran acceso al mar, como reseña Cubillán Fonseca.

Por ello, Miguel Peña y Fernando Peñalver consideran la separación de ambas ciudades, pues de ahí «venía la miseria de la provincia». Y comienza una lucha por traerse la capital a la provincia, trabajo que logran al declararse la Ciudad Federal en Valencia, proceso que ocurrió entre 1811 y 1812. En 1824, Bolívar aboga ante el Congreso de Nueva Granada para que creara la Provincia de Carabobo, cuyo primer Gobernador fue Fernando Peñalver.

Fin de la Gran Colombia

Miguel Peña fue nombrado consejero del general José Antonio Páez y en esa calidad tuvo un papel clave en la separación de Venezuela de la Gran Colombia y en el proyecto de monarquía e imperio napoleónico que Antonio Leocadio Guzmán le propuso a Bolívar en Lima en 1826. Bolívar le escribió a Páez: “Usted sabe muy bien que Guzmán no ha ido a Lima sino a proponerme de parte de usted la destrucción de la República a imitación de Napoleón, como usted mismo lo dice en su carta, que tengo en mi poder, original. Con el coronel Ibarra y Urbaneja me ha mandado usted proponer una corona que yo he despreciado como merecía».

Con La Cosiata, el aborto del proyecto original, comienza una gran conspiración en contra de Bolívar para separar a Venezuela de la Gran Colombia, pues económicamente era imposible de mantener, ya que funcionaba en base al centralismo, aunque otros sostienen que Bogotá estaba cumpliendo su tarea entre dificultades de toda clase.

Peña se encontraba en Valencia, cuando el Congreso de Bogotá llamó al general José Antonio Páez para someterlo a juicio político. Peña, desde su influencia política, logró que la municipalidad de Valencia mostrara su rechazo hacia este hecho e incitó al propio Páez a no acudir al llamamiento, tal y como ocurrió. Estos hechos iniciarían La Cosiata, movimiento separatista del cual Páez actuaría como secretario y asesor. En 1828, Miguel Peña fue elegido uno de los diputados por Venezuela a la convención de Ocaña, pero no fue admitido a ella, por alegar la mayoría anti-bolivariana que tenía un juicio pendiente en Bogotá. En 1829-1830, Peña desempeñó al lado de Páez un papel determinante en el proceso de separación de Venezuela y su restauración como República independiente. En 1830, al organizar Páez un nuevo gobierno, Peña asumió la Secretaría del Interior, Justicia y Policía. Poco después participó como diputado por Carabobo en el Congreso Constituyente de Venezuela. Como presidente del congreso firmó la Constitución de 1830. Sería su última actuación nacional, pues decidió alejarse de Páez al radicalizarse la política venezolana.

Amistad con el Libertador

Peña acompañó a Bolívar en la creación de la Gran Colombia (1821), participó en la Convención de Ocaña (1828), de la que se desprenden señalamientos en su contra por haber «conspirado» en contra del Libertador a su regreso de la Convención de Ocaña, pero como acota Ecarri: «ahí está la carta que dejó Bolívar meses antes de su muerte, pidiéndole encarecidamente a Peña que regrese a la Corte Suprema de Justicia, acepte la embajada colombiana en EE.UU. o que lo acompañe al Consejo de Estado para cogobernar con él».

También fue víctima de quizá el precedente más antiguo de inhabilitación con excusas administrativas, que se desprendió de una acusación por usufructuar un cambio de divisas por un empréstito agrícola, a la que Bolívar encaró con el Decreto de Amnistía, como menciona Ecarri Bolívar. Lo que sucedió fue que Ejecutivo resolvió asignar las partidas destinadas a la agricultura, dentro del proyecto de inversiones señaladas en el empréstito para ser gastadas en agricultura, a Venezuela, un guarismo que alcanzó la suma aproximada de $320.000. Para transportar aquel metálico se designó al venezolano doctor Miguel Peña, el mismo que había sido destituido por el congreso del cargo de Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Por entonces en Cartagena de Indias el general Mariano Montilla ocupaba el cargo de intendente. Este oficial era un gran tahúr, tal como lo afirmó el historiador venezolano José Gil Fortoul, quien dijo sobre el personaje: «se jugaba el sol antes de nacer».

Una vez llegado a la ciudad heroica el doctor Miguel Peña concertó algunas sesiones de juego con el intendente, el general Montilla le ganó veinticinco mil pesos a Peña. Para cubrir esta deuda de juego el perdedor, Peña decidió dejar en Cartagena los $320.000 en plata de buena ley, y que tenía a su cuidado como comisionado del transporte y entregó en Caracas su equivalente en moneda macuquina de baja ley, ganándose en esta operación en perjuicio de los haberes de la república, los mismos veinticinco mil pesos en aquel cambio fraudulento. Es decir, se le encomendó la delicada misión de llegar $ 300.000 en efectivo del empréstito a la tesorería de Caracas. Peña recibió esta suma en moneda de la mejor ley y la entregó en forma de monedas de plata despreciadas, que eran de corriente circulación en Caracas, obteniendo para sí una ganancia de no menos de $25.000.

El Monseñor Gregorio Adam dijo en una ocasión: «Si la Independencia se la debemos a Caracas, la República de Venezuela se la debemos a Peña y a Valencia».

Después de las diferencias con Páez por las políticas implementadas en el país, se retiro hacia su ciudad natal de Valencia y falleció en 1833.

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