Por ello, nos pareció interesante traer a la mesa del debate un hecho bien particular ocurrido en la ciudad de Santiago de León de Caracas (fundada el 27 de julio de 1567), la cual posteriormente se convirtió en la capital de la Provincia de Venezuela.
El proceso de fundación de la misma, como otras ciudades que le precedieron, no fue fácil y ello requirió la presencia de un contingente importante de militares y civiles provenientes de otras ciudades de la región, como fue el caso de la Nueva Segovia (Barquisimeto) y la Nueva Valencia del Rey (Valencia) y que en ese proceso un grupo de militares y civiles perdieron la vida en los enfrentamientos bélicos y otros fallecieron años después producto de las heridas de esos enfrentamientos o de alguna enfermedad.
Con apenas 29 años de fundada Caracas, la ciudad presentaba una cantidad importante de niños y jóvenes (sin padres), mayoritariamente del sexo femenino y para esa época don Diego Osorio, gobernador de la Provincia de Venezuela (1589-1597) le escribió una carta a S. M. el rey Felipe II sobre la situación que se estaba viviendo en la ciudad y en consecuencia este le contestó en los siguientes términos:
“Mi gobernador de la Provincia de Venezuela por parte de la ciudad de Santiago de León en esa provincia se me ha hecho relación que en ella hay muchas doncellas pobres, huérfanas y virtuosas, hijas y nietas de descubridores y pobladores de ese provincia que no tienen con qué remediar y que sería de suma importancia y que en suerte señor sería muy sesudo que la dicha ciudad se hiciera monasterio donde entrase en religión las que quisieren seguir aquél camino superior, me aliento a ser la obra tan pía mandase a dar licencia para que pudiese fundar y que fuese de la Orden de Santo Domingo”. Madrid, 12 de febrero de 1596.
Lamentablemente, los intenciones del rey Felipe II no se concretaron porque la ciudad de Caracas llegó a tener su primer convento de monjas hacia el año de 1636 según algunos historiadores y también nos imaginamos que a muchas de esas jóvenes del año 1596 que estaban en situación de orfandad no les gustaría mucho la noticia de que su única opción para el futuro de sus vidas fuese el de ingresar en un convento de monjas, lo cual las colocaba entre la espada y la pared.
Nadie sabe cuál fue el destino final de ese grupo de jóvenes mujeres; quizás algunas lograron ser recibidas en algunas casas de familia del grupo de pobladores y fundadores de la ciudad y otras a lo mejor regresaron a España a sus pueblos de origen y por otro lado también es importante comentar que tal suceso demostró la preocupación que tenía el gobernador Osorio por el futuro de estas damas y la intención del rey Felipe II de tratar de resolver el asunto.
Carlos Cruz
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