Un pequeño, pero muy interesante volumen, conservamos en nuestra biblioteca. Se trata de uno impreso en Valencia por Bartolomé Valdés, que lleva por título República de Colombia o noticia de sus límites, extensión, montañas, ríos, producciones, comercio, población, habitantes, educación, leyes, religión e historia, testimonio del manifiesto deseo de la provincia de contribuir con la difusión de nuestro desarrollo histórico-político, para el conocimiento del público en general. Ofrece al lector hispanoamericano una síntesis de carácter geográfico, político y económico sobre la joven república surgida tras la independencia. No se trata de un texto original, sino la traducción comentada del artículo Colombia, publicado originalmente en la Enciclopedia Británica, realizada por el doctor Lorenzo María Lleras, funcionario del gobierno neogranadino, quien asume la tarea de adaptar, corregir y contextualizar la mirada europea sobre Colombia. En la Advertencia inicial, el traductor informa que el texto había aparecido por vez primera en la séptima edición de la referida enciclopedia, siendo reimpreso después en Nueva York en la forma de un pequeño volumen, de los que circularon algunos ejemplares en Bogotá. Así, el impreso fue uno de cierta difusión cuyo recorrido abarcó Londres, Nueva York y Bogotá antes de llegar al público venezolano. La primera edición bogotana ve luz en 1837, siendo reimpresa por Valdés, cuatro años más tarde. Además, hay una segunda edición bogotana, de 1896, salida de la Imprenta de Lleras.

El Prefacio del editor norteamericano, que se inserta en la edición de 1837, justifica su difusión. Allí se afirma que antes de la publicación del artículo «no teníamos historia alguna de los importantes sucesos que han tenido lugar en aquel país desde 1810 hasta 1832», y que la nueva síntesis permite corregir las nociones erróneas difundidas por informes fragmentarios y ocasionales. El editor confiesa que en Europa se había tendido a ver la historia sudamericana como una sucesión caótica de revoluciones, pero que la lectura del artículo revela una unidad de acción y coherencia histórica.

Resulta interesante observar, por otra parte, que el texto enciclopédico no escapó a cierta crítica, como se aprecia de la Carta al traductor, firmada por el general Francisco de Paula Santander, que acompaña a la edición de 1837, en la que Santander busca prevenir al lector contra acusaciones surgidas en la prensa local, particularmente desde el periódico El Imperio de los principios, que afirmaba sin pruebas que el artículo había sido escrito en Europa por sugerencias suyas. Santander afirma que «no he tenido el honor de conocer á los redactores de la Encyclopaedia Britannica ni personalmente, ni por escrito», y lamenta no haber podido suministrar información directa, pues de haberlo hecho el artículo se habría publicado con menos equivocaciones. La circulación del texto revela, en cierto modo, las tensiones ideológicas del período posterior a la disolución de Colombia la grande, así como la lucha por el control del relato histórico sobre la independencia, la dictadura y los proyectos monárquicos. En párrafos posteriores, Santander expresa su esperanza de que algún día se publiquen los documentos que permitan a la historia hacer «entera justicia á la conducta política de los que han defendido vigorosamente, y á costa de su vida, los sanos principios de libertad de la constitución de 1821».

La decisión de Bartolomé Valdés de reimprimir la obra en Valencia el año 1841, merece particular atención, al margen del interés de lucro propiamente. Por el contrario, parece inscribirse en los fines mismos que animaron al impresor desde su establecimiento en esta ciudad. Había aprendido el oficio en Caracas, en el reputado taller de Valentín Espinal; de hecho, cuando éste fue elegido diputado a la Convención de Ocaña en 1828, le confió a Valdés la administración de su imprenta durante su ausencia. A partir de entonces, numerosas publicaciones llevaron como pie de imprenta: “Imprenta de Valentín Espinal, por Bartolomé Valdés”. Tras sus años junto a Espinal, decidió establecerse por cuenta propia en la capital de la Provincia de Carabobo, abriendo su imprenta en una casa de alto frente al Capitolio de Valencia, lo que debió ocurrir a principios de la década de los treinta, pues ya para 1835 se registran publicaciones salidas de la “Imprenta de Bartolomé Valdés”. Allí desarrollará una intensa actividad de orientación decididamente republicana, al menos hasta 1852, que abarcó la impresión de hojas y folletos de denuncia hasta una propuesta para dotar a la Diputación Provincial de un periódico que insertara las actas, resoluciones, acuerdos y demás actos de la diputación, así como los decretos y disposiciones que juzgara la Gobernación debieran comunicarse al público, y también sentencias judiciales, estados de rentas municipales, acuerdos de concejos y exámenes de colegios y escuelas de la provincia. Esta concepción amplia del periódico revela una temprana comprensión del valor de la información dirigida al público en una república aún en construcción. La propuesta será la génesis de la llamada Gaceta de Carabobo. Valdés entendía que gobernar también implicaba informar, dejar constancia escrita y permitir que los ciudadanos conocieran la marcha de los asuntos públicos y de otra índole. No es casual que, junto a la información oficial, se reservara espacio para noticias extranjeras o del interior, comunicados sobre toda empresa útil, como caminos, navegación interior, puentes y acueductos, además de avisos particulares y noticias mercantiles. No edito, sin embargo, muchas obras de carácter divulgativo como el libro que ahora comentamos.

Este modesto volumen en octavo menor, de 184 páginas, que se cuenta entre los tempranos libros impresos en Carabobo –el primer libro, no hoja suelta o folleto, que conocemos de este impresor– no es solo un eco de la Enciclopedia Británica en lengua castellana, sino también un testimonio del papel de la imprenta como vehículo de difusión histórica, debate político y formación cívica en la Venezuela del siglo XIX. Su reimpresión en Valencia confirma que, aún lejos de la capital, y especialmente en la provincia, el libro seguía siendo una herramienta decisiva para pensar sobre el país y su lugar en el mundo.

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@PepeSabatino