Referencia obligada a la hora de escribir sobre la bibliografía venezolana es la monumental obra de Ángel Raúl Villasana (1920-2004), titulada Ensayo de un Repertorio Bibliográfico Venezolano (1808-1950). Se trata de una compilación que reúne la producción impresa relativa a ese período, abarcando desde los albores de la imprenta en la etapa independentista hasta mediados del siglo pasado. Publicada por el Banco Central de Venezuela entre 1969 y 1979, en seis tomos, organiza las fichas alfabéticamente e incluye miles de entradas de impresos (libros, folletos y trabajos sueltos, reproducidos en antologías y otras colecciones), muchos de ellos raros o poco conocidos, en materia de humanidades, historia, temas políticos, sociales y otras, rescatando información fundamental sobre el patrimonio bibliográfico del país.

Villasana fue un destacado bibliógrafo, reconocido por su labor en la recopilación y organización del acervo documental impreso de Venezuela durante el siglo XX. Nacido en 1920, en la Victoria, estado. Aragua, desde temprana edad mostró interés por la historia y la literatura, incursionando en actividades intelectuales como poeta, articulista y traductor. Sus trabajos aparecieron en prestigiosas publicaciones como la Revista Nacional de Cultura y el Papel Literario de El Nacional. En la década de 1960 comenzó a involucrarse en proyectos bibliográficos de relevancia nacional. Colaboró con la colección del Cuatricentenario de Caracas del Banco Central de Venezuela (BCV), para la que traduce al castellano la obra Venezuela (1966) de Leonard V. Dalton. En 1959, también para el BCV, tradujo Venezuela: o, Apuntes sobre la vida en una república sudamericana con la Historia del Empréstito de 1864, de Edward B. Eastwick. Acometió también la traducción y notas de la obra del coronel William Duane, Viaje a la Gran Colombia en los años 1822-1823, en dos volúmenes, publicada por el Instituto Nacional de Hipódromos el año 1968, así como La República de Colombia en los Años 1822-23, del oficial norteamericano Richard Bache, publicada en 1982. Aunque de formación autodidacta en disciplinas humanísticas y bibliotecológicas, pronto se relacionó con destacados académicos e investigadores.

A finales de los años sesenta, Villasana orientó definitivamente su carrera hacia la bibliografía. En 1969 emprendió su obra cumbre de recopilación bibliográfica, valiéndole el reconocimiento como experto en bibliografía patria. A partir de 1970 pasó a integrar la plantilla de la Biblioteca Nacional de Venezuela, donde fundó y dirigió el Centro Bibliográfico Venezolano. En esa institución desarrollaría el resto de su actividad profesional, consolidando proyectos claves para el estudio y preservación del acervo bibliográfico venezolano, entre los que destacan el índice de la revista Viernes (1978) y el Índice de revistas literarias venezolanas (1978).

Sin embargo, su gran aporte a la bibliografía patria lo constituye, sin duda alguna, su Repertorio Bibliográfico concebido como un instrumento de trabajo y consulta para investigadores en general, considerado por Domingo Miliani en su Tríptico Venezolano (Narrativa, Pensamiento, Crítica), como el más importante esfuerzo de ordenación bibliográfico realizado en la Venezuela de entonces. En la Nota Preliminar que acompaña a su trabajo, Villasana no disimula el carácter arriesgado de su empresa. Por el contrario, la subraya con una franqueza poco común en trabajos de esta naturaleza. Compilar de manera individual la bibliografía venezolana era, en sus propias palabras, una tarea temeraria. Así lo reconoce cuando afirma: «Resulta temeraria, sin duda, la empresa de compilar, en forma robinsonianamente personal, la bibliografía venezolana relacionada con la literatura, la historia y temas misceláneos». Villasana asume la tarea y la hace con pasión y mucha disciplina. Hasta entonces, importante es mencionarlo, no existía un trabajo de tal envergadura, con excepción, quizás, de la Bibliografía Venezolanista de don Manuel Segundo Sánchez, modesta y diferente en sus fines. El bibliógrafo entiende su obra como un paliativo necesario, por lo que en otra parte escribe: «Y por carecerse todavía en Venezuela de una guía general al respecto, se estima que la presente compilación quizás pueda llenar, dentro de sus flagrantes limitaciones, una función útil». Aun así, se trató de un esfuerzo prolongado y sostenido en el tiempo, pues la tarea le tomaría aproximadamente diez años, mediante una sistemática pesquisa en importantes repositorios documentales.

La finalidad del Repertorio, por otra parte, no se agota en el simple registro de títulos. El autor se propone informar sobre la naturaleza y contenido de cada obra cuando el título no resulta suficientemente claro. Así lo explica: «Su finalidad consiste, no solo en dotar a los interesados de un instrumento de consulta sobre la producción editorial correspondiente, sino en informar acerca de la índole y contenido de cada libro o folleto, si el título no es suficientemente explícito». Este criterio revela su manifiesto deseo de que la obra sirviera de herramienta al investigador, lo que distingue al Repertorio de un mero listado bibliográfico. La obra se apoya, además, en una vasta consulta de repositorios documentales de naturaleza institucional, entre los que destacan los fondos de la Biblioteca Nacional, la Academia Nacional de la Historia, la Academia Venezolana de la Lengua, la Biblioteca del Banco Central de Venezuela, Library of Congress (Washington) y bibliotecas privadas, cuyos ficheros fueron consultados detenidamente por el autor en la búsqueda de libros y folletos, muchos de ellos examinados personalmente.

La búsqueda efectuada por Villasana, además, contó con el apoyo de un andamiaje documental de gran solidez. En efecto, tal y como lo explicara, tuvo a la vista una bibliografía básica que le sirvió de ayuda: el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, especialmente el catálogo de folletos publicado entre los números 20-55, 1912; el Índice de los Boletines de la Academia Nacional de la Historia (del N° 1 al N° 124); el Catálogo de las bibliotecas bolivariana y mirandina; la Bibliografía médica venezolana, de Ricardo Archila; la Bibliografía dramática venezolana, de José J. Arrom; los Anuarios Bibliográficos de Venezuela, publicados por la Biblioteca Nacional, entre muchas otras obras.

El Repertorio no solo brinda un extraordinario listado de libros y folletos editados por venezolanos en el país y en el exterior, así como los publicados en Venezuela por extranjeros, existentes en las bibliotecas consultadas, sino que al mismo tiempo indica la localización de los ejemplares consultados, convirtiéndole en un instrumento de verdadera utilidad práctica para el interesado, sobre todo, si se tiene presente las actuales carencias del catálogo en línea de la Biblioteca Nacional o la ausencia de catálogos en línea en otras bibliotecas o archivos nacionales de importancia.

Tras cubrir la primera mitad del siglo XX con el Repertorio, Villasana emprendió la tarea de continuar su investigación sobre la bibliografía nacional hacia la segunda mitad del siglo pasado. Así nació el Nuevo Repertorio Bibliográfico Venezolano (1951-1975), concebido explícitamente como continuación de la obra anterior y del que lamentablemente llegó a publicarse en 1989 solo el primer volumen. Conservamos un ejemplar en nuestra biblioteca, con gentil dedicatoria del destacado bibliógrafo, a quien con frecuencia visitamos en su pequeña oficina de la Biblioteca Nacional, entonces ubicada en Capitolio, para consultarle sobre referencias bibliográficas y/o errores que observábamos en el fichero físico, inquietudes que inmediatamente nos eran respondidas por él, gran conversador y de una bonhomía fuera de lo común. Ignoramos si el autor llegó a concluir los tomos restantes del nuevo Repertorio, lo que de ser el caso justificaría con creces su urgente publicación.

Don Ángel Raúl Villasana será recordado como uno de los más insignes bibliógrafos venezolanos. Su obra ha sido fundamental para la elaboración de las bibliografías regionales y continúa siendo fuente imprescindible de consulta. En el año 2007, la Biblioteca Nacional creó una Unidad de Investigaciones Documentales con su nombre, unidad que viene publicando los boletines digitales El Repertorio Bibliográfico Venezolano, nombre que rememora esta obra clásica de Villasana, en tributo a su trascendente legado.

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