Elvis López

Introducción

A finales del siglo XVIII, la Capitanía General de Venezuela experimentó una transformación urbana y militar bajo las directrices de las Reformas Borbónicas. En este contexto, Puerto Cabello se consolidó como el enclave logístico primordial del Caribe meridional; debido a los cambios graduales que fueron aplicados por las autoridades reales en su momento.
La figura de Carlos Morató, se presenta en este tiempo como actor para tal propósito. A título de Ingeniero y Maestro Mayor de Obras, su labor resulta interesante destacar en un periodo de cambios determinantes en la historia de la ciudad. La estampa perenemente de su huella, en el urbanismo de Puerto Cabello, todavía puede apreciarse en la actualidad.
Su labor, documentada en el Archivo General de Indias (AGI), marca el tránsito de una ingeniería meramente defensiva, hacia una ingeniería funcional y civil, orientada a la eficiencia del comercio transoceánico y la salubridad pública para Puerto Cabello.

De Gerona a la Plaza de Puerto Cabello

La Familia Morató, se inició artísticamente en el siglo XVII con figuras como Isidre Morató y alcanzó su apogeo en el XVIII, constituyendo uno de los grupos de constructores más influyentes de Cataluña.
Esta destacada estirpe de arquitectos y escultores catalanes originaria de Vic, activa principalmente entre los siglos XVII y XIX, trabajó en las grandes obras eclesiásticas de Cataluña (como la Catedral de Tortosa o Vic) Muchos de estos profesionales fueron destinados a las colonias americanas para fortificar puertos estratégicos como Puerto Cabello tras la reactivación económica de 1714.
Carlos Morató, personaje que llegaría a Puerto Cabello desde el reino de España, pertenece a esta tradición familiar de constructores, iniciándose en el cuerpo de Ingenieros Militares en las regiones del antiguo Reino de Aragón. Su trayectoria técnica, la inició en la Península Ibérica, destacando por el diseño del cuartel de La Bisbal (Gerona), obra donde demostró su capacidad para gestionar estructuras de gran escala, realizando los planos del cuartel de la villa.
En 1788, la muerte de Juan Martín de Aramburú puso fin a treinta años de servicio (iniciados en 1758) bajo las órdenes de Juan de Gayangos Lascari. Ante esta vacante, el gobernador Juan Guillelmi solicitó el nombramiento Carlos Morató, quien se incorporó a la plaza de Puerto Cabello en 1789 como el nuevo maestro mayor de fortificaciones.
Morato se integró al escenario local heredando una responsabilidad estratégica: modernizar la infraestructura portuaria durante la transición comercial de la Real Compañía Guipuzcoana hacia la nueva Real Compañía de Filipinas, un rol que superaba lo meramente administrativo.

La transformación de una factoría netamente militar a una ciudadela integrada a la vida civil.

Puerto Cabello, vivía un momento de transformación interna, prácticamente forzada reorganizar la misión presentada primeramente por las autoridades reales. En el plano de 1764, se aprecia la simpleza del trazado que comprendía el puerto y sus arrabales. Un poco más tarde, Aymerich (1780) hace una caracterización de Puerto Cabello, destacando «Las Calles son regulares, pero las más sin empedrar. El pueblo lo formaban 620 vecinos «de toda Naturaleza», que vivían en casas de cuero, paja y palmas de bajareque, salvo la Casa de la Factoría que era de piedra sillar; se extendía en la «estrecha capacidad que permite la Tierra Firme».
Esta simpleza no podía perpetuarse para las aspiraciones de las autoridades reales. La existencia del plano delineado por Don Ignacio Xavier de Emasavel en 1784, nos indica una intensión sostenida en la búsqueda de darle sentido estructural a Puerto Cabello. Le correspondió a Morató el diseño de los planos de la Casa y almacenes de la Real Compañía de Filipinas, el plano general del muelle de este puerto, y los planos del hospital, panadería, herrería y demás edificios del muelle de Puerto Cabello fechado en 1790.
Se puede afirmar que su estampa como técnico representa la cúspide de la ingeniería militar del siglo XVIII en Venezuela, donde el oficial no solo diseñaba baluartes, sino que proyectaba ciudades. Su plano del muelle de Puerto Cabello de 1790 es una pieza clave para entender la transformación de la ciudad de una simple factoría comercial a una plaza de armas y centro logístico de primer orden, impulsada por figuras clave de la administración colonial de la época, como lo fue el Capitán General Guillelmi. La preservación de este documento en el Archivo General de Indias permite hoy valorar cómo el ordenamiento del espacio —hospitales, panaderías y herrerías— fue el cimiento sobre el cual se construyó la modernidad colonial de Puerto Cabello.

El Complejo Funcional

En términos de modernidad, cabe la definición de biopolítica en la visión del diseño de Morató, pieza angular de su legado, establecer como Complejo Funcional, este diseño para Puerto Cabello, divididos en tres ejes vitales, Saneamiento y Salud: Al intervenir en el Hospital de Marina, aplicando criterios de ventilación y aislamiento para combatir las epidemias tropicales, asegurando la preservación del capital humano (tropas y marinería). Por otro lado, garantizó el espacio para la Logística Alimentaria: La Panadería del Rey no era solo un edificio, sino una factoría industrial diseñada para el abastecimiento de la Real Armada, conectando la producción local con las rutas de los tres continentes (América, Europa y Asia). En igual sentido, pensó el Mantenimiento Naval: Su evaluación de los muelles y la Herrería evidencia una preocupación por la durabilidad. La sustitución de materiales perecederos por estructuras permanentes refleja la mentalidad de un ingeniero formado en la Real Academia de Matemáticas de Barcelona.
Finalmente, su genio y autoridad, se evidencia en el documento MP-VENEZUELA, 204 de 1788, donde firma como «comprobador y agrimensor» junto a Juan Fabre y Sebastián Borjas, demuestra que supervisaba la precisión métrica del crecimiento urbano. Su capacidad para calcular superficies (como las 31,702 varas netas del muelle) permitió una planificación fiscal y operativa precisa para las fincas de la Compañía Guipuzcoana registradas en el expediente de 1784 (CARACAS, 938).

Conclusión

Su tiempo de permanencia en Puerto Cabello fue efímero, se trasladó a la capital, donde trabajó como ingeniero de la Capitanía General desde 1791. Su labor se diversificó hacia la ingeniería civil y el peritaje de propiedades de la Corona. Estuvo involucrado en informes sobre el abastecimiento de agua y la nivelación de calles en Caracas, buscando mejorar la infraestructura de una ciudad en crecimiento. Fue autor de los planos, perfiles y fachadas de la Factoría de la Compañía de Caracas y de la Casa Panadería en la Guaira y la Real en el año 1791.
A Carlos Morató lo podemos ubicar como una figura clave de la transición de la ciudad portuaria. Mientras sus predecesores se enfocaron en la piedra y el baluarte, este se enfocó en el flujo y la función. Su trabajo en Puerto Cabello representa el cimiento de la modernidad venezolana, transformando una plaza de armas en un nodo logístico global. Aunque los registros sobre su fallecimiento son esquivos, su firma en los planos del AGI permanece como el acta de nacimiento de la infraestructura portuaria racionalista en el Caribe.

Referencias:
• Archivo General de Indias (AGI):
o MP-VENEZUELA, 204: Diseño del muelle de Puerto Cabello (1788).
o MP-VENEZUELA, 219: Plano del Hospital, Panadería y Herrería (1790).
o CARACAS, 938: Expediente de fincas de la Compañía Guipuzcoana.
• Contexto Histórico: Capitanía General de Venezuela, periodo de transición Guipuzcoana-Filipinas.
• Memoria del tercer Congreso venezolano de historia, Volumen 2 Academia Nacional de la Historia 1979 –
• El Archivo General de Simancas (AGS) resguarda documentos relacionados con el agrimensor e ingeniero Carlos Morato, activo a finales del siglo XVIII. Los registros, a menudo localizados en la sección de la Audiencia de Caracas, incluyen planos y trabajos de ingeniería, como el muelle en Puerto Cabello (1788).

Elvis López
elopeznavas.77@gmail.com