» Verdadero patriota con sotana».
«No solo con la palabra se hace la independencia».
«Promotor de la cultura y educación popular en Mérida».
Ilustre prelado merideño, hijo de Lorenzo Uzcátegui y Maria Nicolasa Dávila, ambos de digna estirpe nacido en Timotes, (algunos escritores afirman que nació en la ciudad de Mérida), en 1748, y bautizado en Mérida en 1750; realizó estudios en el conocido Convento y Seminario Jesuita de San Bartolomé de Bogotá.
En 1770, fue Ordenado Sacerdote y culminó el Doctorado en Teología.
Al regresar a Mérida, y sin descuidar sus importantes actividades eclesiásticas, apoyado con el peculio familiar compró en 1782, una casa, convirtiéndola en escuela popular. Igualmente fundó en Ejido, en 1788, una Escuela gratuita de Artes y Oficios.
Ocupó en 1800, el cargo de Canónigo de la Catedral de Merida. En 1804 aportó recursos para la instalación de la primera fuente de agua pública de la ciudad. En 1810, participó como Miembro de la Junta Patriótica de Merida. Ese año atendió al destacado sacerdote chileno José Cortés de Madariaga, quien se dirigía desde Caracas hacia Bogotá en comisión de la Junta Suprema.
En una ocasión, cuando le reclamaban su fervor patriótico, el prelado contestaba:
«Debajo de esta sotana, hay pantalones bien puestos, y que sabré sostener afuera lo que he sostenido aquí».
Al ocurrir el terremoto el 26 de marzo de 1812, con una intensidad de 7.1 grados, que causó graves daños humanos y
materiales; el prelado Uzcátegui atendió a los damnificados, dándoles palabras de aliento y fe. Ese año con la pérdida de la Primera República, se trasladó a Bogotá.
Regresó a Mérida en octubre de 1813; se dedicó a sus trabajos religiosos en la Catedral, apoyó en la reconstrucción de algunas edificaciones dañadas por el sismo; igualmente en su residencia, activó un improvisado taller de orfebrería, donde fundía en un horno de adobe, las prendas y vajillas donadas por las familias merideñas y barinesas para la causa libertadora.
Fabricó: ollas, puntas de bayonetas, lanzas, herraduras y clavos para las cabalgaduras; con los tubos de plomo del órgano de la Catedral, fabricó balas. Explicaba a sus fieles seguidores, que la participación de los merideños era esencial porque:
«La independencia no se logra sólo con la palabra».
Es importante resaltar la contribución de Mérida en 1813, para la causa libertadora: 30.000 pesos donados por varias familias, 500 jóvenes voluntarios, que se destacaron a las órdenes del valeroso teniente coronel, el español Vicente Campo Elías; ochocientos caballos y el material que el sacerdote Francisco Antonio Uzcátegui Dávila elaboraba con sentido de patria en sus ideales.
Mérida aclamó el 23 de mayo de 1813 como Libertador al coronel Simón Bolívar.
A causa de la derrota en la batalla de La Puerta el 15 de junio de 1814, y la infausta Emigración al Oriente, en la cual el Libertador con veinte mil caraqueños salió de Caracas el 6 de julio de ese funesto año.
El 18 de septiembre de ese año, el presbítero Uzcátegui se incorporó en Mérida, a la heroica Retirada del «Siempre Leal, Gral. Rafael Urdaneta» iniciada en San Carlos hacia Cúcuta, Pamplona y Sta. Fe de Bogotá, salvando parte del ejército y la población que lo acompañaba.
Antes de realizar el indeseable éxodo, el Canónigo Uzcátegui, donó sus bienes
Falleció en Sta Fe de Bogotá el 21 de mayo 1815, en la amargura del destierro, contaba 65 años de edad.
En la población y las autoridades eclesiásticas merideñas, el apreciado sacerdote Uzcátegui Dávila, dejó honda huella sin pisar a nadie; se le recuerda con ejemplar veneración.
En el patio de la universidad de Mérida un busto colocado en 1915, que luego lo cambiaron de sitio; es el primero dedicado a una personalidad religiosa. Calles en Timotes, Ejido y Merida, e instituciones educativas, evocan su importante labor.
Sus restos no han sido localizados.
Eumenes Fuguet Borregales. eumenes7@gmail.com
