Santa Clara, en el estadounidense estado de California, fue fundada como misión católica en 1777. Según los últimos censos de Estados Unidos, cerca de 20% de la población ha sido registrada como “hispana”. California, por su parte, no solo es el estado más poblado de Estados Unidos, sino que alrededor de 40% de su población se clasifica como “hispana” o “latina” y alrededor de 30% de la población del estado habla español. Estos datos sirven de marco para la siguiente reflexión, especialmente en estos momentos de persecución de la migración, la lengua española y la cultura latinoamericana en Estados Unidos, paradójicamente un país cuya grandeza fue construida en gran parte por migrantes.
El domingo 8 de febrero de 2026, en el estadio Levi’s, de Santa Clara, se vivió un momento glorioso para la cultura americana en general, es decir, para toda la América del Norte, del Sur, del Centro y la América insular. La presentación de Bad Bunny o Benito Antonio Martínez Ocasio, el artista puertorriqueño que ha adquirido fama mundial con su nombre artístico, realzó el espíritu “real americano” o panamericano en esa fiesta estadounidense que fue el Super Bowl (o Supertazón), partido final del campeonato del fútbol “americano” o estadounidense. Se trata de un evento deportivo de gran trascendencia mediática que en esta oportunidad se celebraba, precisamente, en una ciudad y en un estado que no solo llevan nombres hispánicos, sino que en su historia, tradición y corazón mismo laten con fuerza renovada la sangre y la cultura hispánicas junto al idioma español.
El espectáculo estuvo lleno de signos y símbolos que merecen consideraciones específicas: desde la música y la integración fenotípica de los bailarines o participantes en el montaje, como la decoración, la evocación de Puerto Rico y sus problemas, los invitados que representaban diversos campos de participación de latinoamericanos hasta el canto final con referencias específicas a los países de América Latina (y no solo Hispanoamérica).
Aunque el presidente de Estados Unidos prefirió evadir un comentario más profundo y decir que nadie había entendido, en alusión al idioma español, la realidad fue otra. Se mostró no solo la inmensa calidad artística de Bad Bunny y de su coreografía, sino la recepción por parte del público.
Hace pocos meses, en una conversación fraterna con el director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, le pregunté a D. José Luis Vega precisamente por la variedad de español que usa Bad Bunny al cantar. Me contó que buscaba un efecto para visibilizar y darles importancia tanto al español de Puerto Rico como a la resistencia cultural y la autonomía política de la isla. Se trata, pues, de un efecto deliberado, digno de celebración y aplauso.
El espectáculo del estadio de Santa Clara fue, pues, una gran fiesta latinoamericana y estadounidense, pero también un canto a Puerto Rico y a América Latina, un mensaje de gran contenido político, sociolingüístico y artístico. Con frecuencia las críticas más grandes a complejas situaciones sociales y políticas solo se pueden hacer mediante las creaciones artísticas, como la música y la literatura. A veces solo se logra con la caricaturización y la hipérbole, pero en este caso se recurrió a procedimientos más sublimes.
Bravo, Benito Martínez. Todos te entendimos.
Horacio Biord
hbiordrcl@gmail.com
