Desde hace muchas décadas, cuando se habla del “Acueducto de Puerto Cabello”, inevitablemente se hace mención a lo que por tradición le han dado por nombre la “Noria”, y que a través del tiempo ha desaparecido en gran parte; y la porción que por milagro de Dios aún existe, en vez de haber sido rescatada y tratada bajo los lineamientos que establecen los parámetros formales de conservación de estructuras antiguas e históricas, más bien ha sido víctima del mal gusto y la ignorancia al convertirla en un mamarracho pintado de azul.

Tal situación nos estimuló a escribir el presente artículo porque es nuestra opinión que la historia del acueducto de Puerto Cabello merece ser colocada en el sitial de honor que le corresponde, debido a que dicha obra hidráulica constituye un aporte muy importante a la historiografía nacional en materia de construcciones realizadas en nuestro país durante el período hispánico, que va desde la segunda década del siglo XVI hasta la segunda década del siglo XIX.

Comenzamos entonces diciendo que, de forma equivocada, a este “acueducto” se le menciona como “noria”, cuando en realidad son dos estructuras totalmente diferentes. A continuación, pasamos a colocar las definiciones de ambas:

Noria: Es una rueda de madera o metal cuya función es elevar el agua desde un río, pozo o canal para colocarla en una acequia, acueducto o estanque para regadíos. Fue inventada por los griegos, mejorada por los romanos y perfeccionada por los árabes, y su nombre proviene de la palabra árabe nā‘ūrah.
Acueducto: Bajo las Reales Ordenanzas de la época, un acueducto se concebía como un sistema hidráulico integral de conducción de agua por gravedad que iba desde la captación en la toma original (río, manantial o pozo) hasta la pila de distribución o «caja de agua» en la ciudad, convento o hacienda.
Componentes de un acueducto en el siglo XVIII

Para los ingenieros de la época, la obra comprendía varias etapas continuas:

Obra de toma o captación: El punto inicial (presa, azud o pozo con norias) donde se desviaba o elevaba el agua hacia la cabecera del sistema.
Atarjea o cañería: El canal o conducto principal. Podía ser a cielo abierto, subterráneo (túnel o mina) o cubierto con losas de mampostería para evitar la contaminación del líquido.
Cajas de agua y filtros: Tanques de decantación (albercas o desarenadores) diseñados para asentar la arena y los sedimentos y purificar el agua antes de su entrada a las zonas urbanas o de riego.
Arquería o «puente-acueducto»: La estructura elevada sobre arcos. Solo se construía en los tramos donde era imprescindible salvar una depresión del terreno o un valle manteniendo la pendiente uniforme.
Pila distributionis o Arca matriz: El depósito final dentro del núcleo urbano desde donde se repartía el agua mediante cañerías secundarias (de plomo, barro cocido o piedra) hacia fuentes públicas, conventos o casas particulares.
En cuanto al acueducto de Puerto Cabello, hay que decir que el mismo pertenece a una generación de obras hidráulicas que fueron hechas en toda Hispanoamérica, como son las siguientes:

Nueva Veracruz (México): Entre 1723 y 1726 se construyó la cañería subterránea conocida como el «Caño del Fraile», concebida por el lego franciscano fray Pedro Antonio de Buzeta. Esta red subterránea conducía el agua desde las lagunas y médanos de Malibrán a lo largo de casi 4 kilómetros para surtir las fuentes públicas de la ciudad amurallada.
Guadalajara (México): Tras el impulso de la Real Cédula de 1727, fray Pedro Antonio de Buzeta proyectó y dirigió a partir de 1729 una importante red de traída de aguas para la ciudad.
Nueva Guatemala de la Asunción (Guatemala): Acueducto de Pinula (1776–1786) por el arquitecto Marcos Ibáñez. Además de los tramos aéreos con arquerías, el sistema dependía de una extensa red de minas, lumbreras y conducciones subterráneas de ladrillo para el traslado del recurso.
Valladolid / Morelia (México): Durante la reconstrucción de su acueducto entre 1785 y 1788, impulsada por el obispo Antonio de San Miguel, la infraestructura no solo renovó la arquería visible, sino que integró importantes tramos subterráneos de captación y distribución construidos en piedra y mezcla hidráulica.
La Habana (Cuba): La Zanja Real databa del siglo XVI, y entre 1768 y 1770 el ingeniero militar Luis Huet diseñó reformas sobre el sistema e impulsó los proyectos de cobertura y canalización subterránea mediante bóvedas de mampostería para evitar la contaminación del agua en el trayecto urbano.
Caracas (Venezuela): Entre 1772 y 1784, bajo la gestión del gobernador José Dufresne y del intendente José de Ábalos, se ejecutó la cañería subterránea del río Catuche. Consistió en una canalización abovedada de mampostería con tubos de arcilla cocida que conducía el agua limpia.
Acueducto de la Hacienda Ibarra (Caracas): Estructura hidráulica privada construida a finales del siglo XVIII dentro de la antigua hacienda cañamielera (hoy terrenos de la Universidad Central de Venezuela). Destaca por sus sólidos arcos de ladrillo y mampostería proyectados para mover el trapiche de la propiedad.
Acueducto de la Hacienda Aguas Calientes, Mariara (Carabobo): Conjunto de arquerías de piedra y ladrillo edificado a lo largo del siglo XVIII en los valles de Mariara para el abastecimiento agrícola y molienda industrial de las grandes propiedades de la zona.
Acueducto de la Hacienda Tiquire Flores, El Consejo (Aragua): Levantado durante el siglo XVIII en los Valles de Aragua (cerca de La Victoria) con arquería de estilo romano en ladrillo y mampostería. Su función era encauzar el agua de las quebradas locales para accionar la rueda hidráulica del trapiche y regar los cañaverales de la hacienda.
El caso del acueducto de Puerto Cabello

En primer lugar, hay que decir que de la documentación revisada se puede deducir que entre los años 1700 y 1742 no existía el acueducto de Puerto Cabello, ya que no aparece reportado en los planos de la época; es hasta el año 1764 cuando se registra y se indica que la mencionada obra llega hasta la zona donde se encontraba la aduana en esa época, muy cerca de los muelles.

Luego, en el año 1766, el conde de Roncali elabora un mejor plano de la ciudad y se detalla muy bien el acueducto, cuya trayectoria arranca desde el río San Esteban y el agua se transporta por una tubería descubierta que recorría la falda del lado oeste del cerro El Vigía hasta un punto donde se unían la falda este y la oeste, que coincidía con una línea recta trazada hacia el cerro donde estaba colocada una batería. En ese punto en el que estaba una especie de tanque desde donde partía la tubería subterránea que viajaba en diagonal hacia el puerto propiamente dicho, hasta el sector que se llama “La Alcantarilla”, donde está la primera caja de agua —que es la estructura de forma cilíndrica muy conocida que antiguamente llevaba un letrero que decía “Jabón de Castilla”—; en este caso, Roncali no describe la tubería que llega hasta la aduana.

Para el año 1772 se reportan dos aspectos bien importantes sobre esta obra: el primero de ellos es que se establecía que en la “plaza principal del pueblo” “se trajo el agua por cañería subterránea tomándola a una correspondiente altura del río San Esteban, única agua para el servicio y uso del pueblo, puerto y embarcaciones”; y el segundo es que expresan que el acueducto en esa época duró poco debido a la “mala construcción y dirección” del capitán de artillería don Juan Centurión, lo que indica que el acueducto tuvo que ser reconstruido. En 1784, don Xavier de Emasavel, teniente de guardacostas de la provincia de Caracas, al realizar una revisión de Puerto Cabello sobre el tema del acueducto, describe la presencia de una “Caja de Agua” enfrente de la aduana, lo cual corresponde con lo mismo que estaba planificado y hecho en 1764.

¿Y el reloj de sol?

De seguro el público lector se estará preguntando sobre el tema del “Reloj de Sol”, y sobre ello debemos decir que el mismo teniente Emasavel, en su descripción, habla del reloj de sol, el cual estaba ubicado al lado de la caja de agua, y estas dos estructuras estaban situadas específicamente de la siguiente manera: al norte tenían la “Aduana”, al sur el “Corral de los Almacenes Chicos”, al suroeste el “Acerrador” y al sureste el “Almacén de Pertrechos”.

¿Para qué servía el reloj de sol en Puerto Cabello?

Regulaba la apertura y cierre de la aduana marítima, los horarios de descarga de mercancías y el pago de almojarifazgos y averías. Toda actividad en los muelles estaba estrictamente temporalizada para evitar el contrabando nocturno y, además, servía de referencia para el disparo de salva reglamentario (“el cañonazo de las doce”) o de la puesta de sol, señalizando el cambio de guardia en el fortín.

Conclusiones

Al acueducto de Puerto Cabello de forma equivocada se le menciona con el nombre de la “Noria”, ya que un “acueducto” y una “noria” son dos cosas totalmente diferentes.
Con respecto a este punto de la “noria”, hay que decir que hasta la fecha, en la extensa revisión que se hizo de los diferentes mapas antiguos de Puerto Cabello del siglo XVIII, no se encontró registrado en ninguno de ellos la existencia de este aparato. Igualmente, no se ha conseguido alguna foto o dibujo antiguo que la tenga plasmada por algún artista, ni tampoco se ha localizado algún documento que hable de ella y su ubicación.
No es suficiente que a los porteños se les diga que tuvieron una de las obras hidráulicas más importantes del país y de Hispanoamérica; por ello hay que decirles el porqué es así, y en ese sentido hay que informarles que el acueducto porteño contó con un sistema de tuberías externo y subterráneo —lo cual era poco común en la época—, además de que contó con un segmento de arcos de piedra y dispuso de dos cajas de agua: la primera ubicada en el sector de “La Alcantarilla”, que era de forma cilíndrica y tenía la publicidad del “Jabón de Castilla” (de la cual hay que decir que en el siglo XIX, en San Luis Potosí, México, se construyó una caja de agua parecida a la nuestra, pero más grande y estéticamente más bonita); y la segunda caja de agua cerca de la aduana, que tenía forma cuadrada de acuerdo al plano.
Se contó con un reloj de sol cuyas funciones describimos anteriormente.
La revisión documental hecha abarcó desde el año 1742 hasta el año 1784.
En base a ello, el trayecto de esta obra iba desde el río San Esteban y bajaba por la falda oeste del cerro El Vigía hasta el punto donde se unían las dos faldas —que hoy en día estaría muy cerca del barrio El Fortín—, donde había una estructura parecida a un tanque; desde allí pasaba el acueducto del modo superficial al subterráneo hasta ir en diagonal a la zona conocida como “La Alcantarilla”, donde estaba la primera caja de agua, y de allí por tubería subterránea hasta la segunda caja de agua ubicada en la zona de la aduana.
Por todas estas razones, el acueducto de Puerto Cabello fue un modelo de avanzada de la ingeniería militar de la Corona española en Venezuela y el Nuevo Mundo en el siglo XVIII.
Referencias bibliográficas

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Plano General de S. Phelipe de Puerto Cabello: Situado en la costa de la provincial de Venezuela en 10grs.16 mts de Latitud Septental 303 grs y 25 mts de Longitud por la inteligencia de la situación del fuerte, población, puerto, contornos y avenidas por tierra como por mar desde el río San Estebán hasta el Puerto de Borbuarata, año 1742.
Plano de Puerto Cabello, en Venezuela, año 1764.
Plano de Puerto Cabello y sus contornos: situado en la Provincia de Venezuela en 10grs 16 ms de Latitud septentrional 308 grs 25 ms longitud. Conde de Roncali, año 1766.
Plano de Puerto Cabello, sus inmediaciones y el Fuerte San Felipe en la misma ciudad, año 1772.
Plano de muelles de Puerto Cabello según se hallan en el estado presente, levantado y delineado por Xavier de Emasavel, Theniente en los Reales Guardacostas de la Provincia de Caracas, año 1784.