En el año 1811 la sociedad civil de la ciudad de la Nueva Valencia del Rey decide levantarse en contra de Caracas por no estar de acuerdo con las decisiones tomadas por ellos (de forma inconsulta) en cuanto al proceso de independencia y en esta «insurrección» ciudadana, la mayoría de los religiosos franciscanos del Convento de San Buenaventura decidieron tomar partido en favor de la Corona española teniendo en este evento un papel protagónico fray Pedro José Hernández.
Como todos sabemos, tal levantamiento tuvo consecuencias militares que cristalizaron en el llamado «Sitio de Valencia» donde el ejército patriota al mando del Gral. Francisco de Miranda logró rendir la ciudad y a tal efecto en el parte que escribe el Precursor de la Independencia (que es publicado en la Gaceta de Caracas en su edición del 16 de agosto de 1811) dice lo siguiente:
«Considerando las disposiciones que habíamos tomado para el bloqueo y rendición de Valencia estaban ya en el punto necesario para llevarlos á debido efecto, dispusimos un ataque general y simultáneo por todas las tropas que a este fin se habían reunido de diferentes partes de la República.
Este ataque comenzó ayer a las dos de la tarde por ocho puntos distintos que llamando la atención del enemigo por todas partes hiciese resistencia menos vigorosa; duró sin embargo hasta el anochecer que reduciendo nuestras tropas al enemigo que obstinadamente se defendía a sólo sus retrincheramientos de la Plaza mayor, conservamos nuestras posiciones hasta el ser de día tomando en el ínterin nuestras tropas algún reposo por la noche.
Al amanecer comenzó de nuevo el ataque en el mismo orden y con el mayor vigor, aún en ciertos puntos, de modo que á la diez del día nos propuso el enemigo (á quien habíamos cortado el agua) términos de capitulación.»Fueronle estos reusados ínterin nos entregasen las armas, pues habíamos experimentado anteriormente la violación de una Capitulación formal; con cuyo motivo hubieron de someterse dejando á nuestra discreción términos de humanidad y generosidad con que me he propuesto tratarlos tomando nuestras tropas posesión de la Plaza, armas y artillería para las doce del día que entramos en ella, y se arboló el Pabellón Venezolano».
Como el fraile Pedro José Hernández se encontraba entre uno de los más «revoltosos» y contrario a la revolución, fue hecho preso y llevado a la cárcel de Guacara donde se le dictó como sentencia la «Pena de Muerte», lo cual resultaba ser una decisión sumamente complicada porque a fin de cuentas se trataba de un representante de la Iglesia católica que además estaba siendo defendido por el Arzobispo de Caracas, Mons. Narciso Coll y Prat y el propio Hernández le pidió clemencia al Gral. Miranda.
De forma sorpresiva, el Gral. Miranda no solo decidió indultarlo, sino que también lo nombró Capellán de su ejército a pesar de las opiniones encontradas de este religioso en cuanto al proceso que se estaba viviendo en la entonces Capitanía General de Venezuela.
Curiosamente, este perdón del Gral. Miranda trajo como consecuencia dos hechos importantes; el primero de ellos es que en el año 1814 el fraile Hernández estaba en la ciudad de Calabozo y abogó por los presos patriotas enviados desde Valencia quienes estaban siendo sentenciados sin juicio previo ni garantías legales y además participó en la investigación contra el cura de Calabozo el Dr. Gabriel de Mata quien se había hecho cómplice de las barbaridades cometidas por José Tomás Boves.
El segundo evento es que en el año de 1819 fray Pedro José Hernández fue nombrado nada más y nada menos que (Ministro Principal de los Franciscanos en Venezuela) hasta el año de 1821 cuando después de la batalla de Carabobo decide dejar el país rumbo a Curazao donde terminó siendo párroco de una comunidad católica de la isla.
En la obra titulada La Provincia Franciscana de Santa Cruz de Caracas, Lino Gómez Canedo concluye muy acertadamente que nuestro personaje fue consistente con sus ideas pero jamás fue un fanático «ni mucho menos un sanguinario», por lo que concluimos esta entrega con la reflexión de que el Gral. Francisco de Miranda de forma muy correcta indultó a este sacerdote quien a pesar de sus diferencias políticas, terminó abogando por patriotas encarcelados y perseguidos por las tropas del sanguinario Boves.
Nota final: En el portal Historia hispánica encontramos los siguientes datos sobre Lino Gómez Canedo: «Era académico correspondiente de la Real Academia Gallega, de la Real Academia de la Historia, de la Academia Colombiana de Historia, de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela y de la Sociedad Mexicana de Historia”.
Viajero infatigable y hombre de trato muy cordial, se rodeó de una constelación de amigos en los diversos países sudamericanos y muy especialmente en los caribeños. De hecho, residió gran parte de su vida en México y en este país publicó sus mejores estudios históricos. Era especialmente cotizado en el mundo de los hispanistas tanto europeos como americanos, con los que concurría asiduamente a los congresos y asambleas internacionales.
Colaboró en numerosas publicaciones, entre ellas el Archivo Ibero Americano, Revista de Indias, Archivum Franciscanum Historicum (Museo Histórico, Quito), The Americas (Washington), Revista Interamericana de Bibliografía (Washington), Estudios Históricos (Guadalajara, México), Humanitas (Monterrey, México), Revista de Historia de América (México), Handbook of Latin American Studies (gran publicación anual de la Biblioteca del Congreso de Washington, en la que tuvo a su cargo la sección Sudamérica Colonial de 1962 a 1970), Dictionnaire de Géographie et d’Histoire Ecclésiastiques (París), Guide to the Diplomatic Archives of Western Europe (Filadelfía, 1959).
Carlos Cruz
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