Se celebra este año el bicentenario de La Cosiata, movimiento político nacido en Valencia en 1826 y encabezado por el general José Antonio Páez, cuya consecuencia inmediata fue la ruptura progresiva con la República de Colombia y el inicio del camino que conduciría, en 1830, a la separación definitiva de Venezuela. Se trata de un episodio que, aunque algunos autores tratan de reducirlo a una pugna personal entre Páez y Santander, merece un profundo estudio que, al margen de las diferencias personales y motivos de algunos de los actores, tenga en cuenta el choque entre el centralismo bogotano y las élites regionales venezolanas, el peso de los intereses económicos de las provincias, el agotamiento de la guerra y el deseo de autonomía administrativa de una sociedad que comenzaba a sentirse subordinada dentro del proyecto colombiano. Sobre el tema se han escrito interesantes y bien documenados trabajos, entre los que pueden mencionarse Dentro de la Cosiata, de Eloy G. González (1907); Miguel Peña y la Cosiata, de Antonio Ecarri Bolívar (2017); y La Cosiata. Páez, Bolívar y los venezolanos contra Colombia, de Elías Pino Iturrieta (2019).

El movimiento estalla en Valencia, ciudad que desde la independencia, en 1821 había adquirido un perfil político propio y una dinámica agrícola y comercial de relevancia, pues su ubicación geográfica la transformaba en eje natural de comunicación entre Caracas, los Llanos y el puerto de Puerto Cabello. La República de Colombia fue creada en 1819 y consolidada constitucionalmente en Cúcuta en 1821, producto del sueño integracionista del Libertador Simón Bolívar; sin embargo, colocar el centro político del poder en Bogotá no debió ser bien recibido por las élites económicas asentadas en la Provincia de Carabobo, que junto a Caracas conformaban el Departamento de Venezuela, especialmente si se tienen presentes las enormes distancias geográficas, la precariedad de las comunicaciones, las diferencias económicas entre regiones y las rivalidades políticas que atentaban contra la unidad política del nuevo Estado.

El detonante inmediato de La Cosiata fue el conflicto generado por el decreto de alistamiento general promovido por el vicepresidente Francisco de Paula Santander ante la amenaza de una posible reconquista española. El general Páez, jefe militar de Venezuela, fue acusado de negligencia en la ejecución del reclutamiento y llamado a Bogotá para responder por su conducta. La medida fue percibida en amplios sectores venezolanos como un agravio político contra quien era considerado el principal líder militar del país después de Bolívar. Así, el 30 de abril de 1826, el Cabildo de Valencia desconoció la orden de destitución de Páez y solicitó que permaneciera al mando: «…todo este vecindario: hombres y mujeres, paisanos y soldados —se lee en el acta de la municipalidad levantada al efecto— han manifestado un disgusto en extremo y un deseo de conseguir por cualesquiera medios la reposición de S.E. al mando…». Aquel acto, que en apariencia parecía una simple defensa de la autoridad regional, terminó convirtiéndose en el inicio de un movimiento de mayores proporciones, conocido en la historiografía patria como La Cosiata que contribuirá en algo con el fin de Colombia la grande.

Valencia se convirtió entonces en el centro de un movimiento separatista que, en las semanas posteriores, iría en ascenso con la progresiva adhesión de otras municipalidades al pronunciamiento de aquélla. Entre estas adhesiones destacó la de la municipalidad de Caracas, tomada en sesión del 5 de mayo, cuya posición resultaba determinante por tratarse de la principal ciudad venezolana y antiguo centro político de la Capitanía General. Aunque inicialmente algunos sectores caraqueños habían sido críticos de Páez, formulando denuncias por abusos cometidos durante el reclutamiento militar ordenado por el gobierno central, el desarrollo de los acontecimientos terminó modificando profundamente la situación política. La percepción de que Bogotá humillaba al principal jefe militar venezolano y desconocía la autonomía de Venezuela generó un cambio progresivo de actitud dentro de importantes sectores caraqueños. Esta adhesión de Caracas tendría enorme trascendencia porque convirtió el movimiento en una verdadera crisis nacional de la República de Colombia. Ya no se trataba únicamente del cabildo valenciano desafiando la autoridad central, sino de un buen número de municipalidades reclamando reformas constitucionales, mayor autonomía y el reconocimiento del liderazgo de Páez.

La crisis que siguió en los meses posteriores al pronunciamiento serviría a los diferentes actores para tomar partido por una u otra corriente (centralismo versus autonomía). Así, comenzaron a escucharse las voces de Francisco Bermúdez, Santiago Mariño, Domingo Navas Spínola, Miguel Peña, Francisco de Paula Santander y muchos otros, hasta que el Libertador, entonces en el Sur, comprendió la magnitud del problema, regresando a tierra venezolana para calmar los ánimos. Bolívar desembarcó en Puerto Cabello el último día de aquel agitado 1826 para entrevistarse con el general Páez, en el pueblo de Naguanagua el 4 de enero, sellando su encuentro en fraternal abrazo. Se trató de una de las entrevistas más decisivas de la historia republicana; la entrevista se verificó en enero del año siguiente, permitiendo una reconciliación provisional entre ambos caudillos, al punto de que Bolívar no tomó represalias contra Páez, ratificándolo como Jefe Civil y Militar de Venezuela, mientras que Páez reconoció la autoridad del Libertador como Presidente de la República. Conseguía Bolívar, al menos momentáneamente, preservar la unidad colombiana y neutralizar el peligro inmediato de una ruptura.

Esta apretada síntesis de la crisis de 1826, desde luego, no aspira a otra cosa que servir de recordatorio a 200 años, de lo que indudablemente constituyó un conflicto político e ideológico de grandes repercusiones. Uno que, si bien pareciera claro en sus motivaciones, tiene aún muchos claroscuros que invitan a revisarlo y profundizar en su estudio. Y es que La Cosiata todavía plantea interrogantes de gran vigencia: ¿Fue inevitable la ruptura con Colombia? ¿Fracasó el proyecto bolivariano por errores políticos concretos o por la imposibilidad estructural de sostener una nación tan extensa y heterogénea? ¿Hasta qué punto los intereses regionales terminaron imponiéndose sobre la idea integracionista? ¿Actuó Miguel Peña en interés personal o en beneficio de Venezuela? ¿Sobre qué discutieron Bolívar y Páez en la entrevista de Naguanagua?

Estas y muchas otras interrogantes servirán de marco para revisitar el tema los días 25 y 26 de junio, en el coloquio La Cosiata 1826-2026 un debate actual, organizado por la Academia Nacional de la Historia y la Academia de Historia del Estado Carabobo, evento dirigido al análisis de los hechos y personajes que rodearon a un episodio que, sin duda, marcó el nacimiento en 1830 de la república. No deja de ser significativo, además, que el evento tendrá lugar en el salón académico de la Casa de la Estrella, los mismos espacios en los que se consumó la separación que pondría fin al sueño de Bolívar.

mail@ahcarabobo.com

@PepeSabatino