El hijo de Jaime del Casal y Modesta Guanipa será Hilario Guanipa, quien lleva el apellido de la madre, por ser hijo natural o ilegítimo, según la terminología de la época. Don Jaime le regala a Modesta un pedazo de la hacienda para que ella y el hijo puedan vivir tranquilamente allí. Hilario, ya adulto, se va de la hacienda, recorre diversos pueblos y adquiere fama de hombre alegre, dado a fiestas y jolgorios. Un tipo así caía simpático y era la aspiración de muchas muchachas. En su época, se catalogaría de un “buen partido”.

Hilario, ya de vuelta a la hacienda y encargado por su padre de conducirla, terminará casándose con Adelaida Salcedo, una prima de doña Águeda, la esposa de Jaime del Casal. Adelaida es hija de doña Carmelita, una prima pobre de doña Águeda, como se señala en la novela. Aunque Hilario ambicionaba un varón, ambos tendrán una única hija, que llevará un nombre muy simbólico, como lo solía emplear Gallegos y lo plasmó también en otras novelas, especialmente en Doña Bárbara.

La hija de Adelaida e Hilario se llamará Victoria. Ese nombre evoca el triunfo del hijo ilegítimo sobre la familia legítima, pero esto encierra aspectos sociológicos más profundos aún. Tras su aventura con Modesta, un amor de juventud, don Jaime del Casal, ya de más edad, se casa con una dama de Caracas, tienen varios hijos y un único varón, Jaimito del Casal, poco dado a las labores agrícolas a diferencia de su padre y sus mayores. Hilario lo desprecia profundamente. Al transcurrir los años, en la historia ficcional será un hijo de Jaimito quien se case con la hija de Hilario y de esa manera se cierra el círculo de las ramas familiares.

La novela no concluye de esa manera, sino con la visita de Nicolás a Cantarrana, la antigua heredad, para presentarse a Hilario Guanipa y Adelaida Salcedo y pedir la mano de su hija Victoria. Se supone que con ese matrimonio se unirían de nuevo las dos ramas de la familia: la legítima y la ilegítima.

La historia ficcional de Hilario Guanipa, Adelaida, Victoria y Nicolás Del Casal puede interpretarse como una exploración de la complejidad social venezolana.

Un aspecto importante de La Trepadora, aunque de apariencia menor por su corto tratamiento en la novela, lo constituyen la atracción y el enamoramiento entre don Jaime y Modesta. No solo se trató de una mera y efímera aventura sexual sino más bien de una relación de complicidad, apoyo y comprensión entre ambos.

Sin que esto implique ningún demérito para ella como personaje femenino, Modesta probablemente entendía que nunca se casaría con don Jaime. Su comprensión o intuición de la situación, como en muchos casos reales que he podido analizar, la llevaba a evaluar que había una diferencia estructural que ninguno de los dos podía modificar o era, en todo caso, muy difícil. Persistía la conexión entre ambos.

Como se ha señalado, don Jaime le cedió un pedazo de la hacienda Cantarrana para que Modesta e Hilario vivieran allí y les entregó la propiedad de ese terreno. No obstante, los tíos de Modesta, hermanos de Gregoria, su madre y abuela materna de Hilario, se manifestaron siempre de una manera muy violenta e, impulsados por Gregoria, quisieron vengarse de don Jaime e incluso matarlo, aunque luego mantuvieron una relación de aprovechamiento de aquel parentesco ilegítimo.

Hilario Guanipa sentía un gran amor y respeto hacia su padre, pero un fuerte desprecio por sus hermanos y, de alguna manera, lo que ellos significaban. En la novela queda retratada también una relación muy compleja entre doña Águeda, la esposa de don Jaime, e Hilario. Si bien la mujer había aceptado al hijo habido antes del matrimonio, esa aceptación no estaba exenta de desprecio hacia lo que Hilario, por su parte, representaba, su mundo de origen y su éxito personal.

No obstante todas esas diferencias, se realizará un matrimonio de relativa simetría entre Hilario y Adelaida Salcedo, la hija de doña Carmelita, la prima pobre de doña Águeda. En este sentido, resulta muy interesante la afinidad estructural de este matrimonio. Se puede suponer que la familia de doña Águeda no estaría al mismo nivel social y, principalmente, económico de los del Casal, aunque Gallegos como narrador no explora eso. En esa rama familiar más pobre se inserta doña Carmelita. Otro fenómeno implicado es el del blanqueamiento. Para Hilario el matrimonio con Adelaida representaba, para decirlo con un dicho jocoso y racista, una manera de “mejorar la raza”, una oportunidad de igualación social, acorde con el simbolismo del título de la novela.

Horacio Biord
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