Curioso personaje del siglo XIX en el que convergen los oficios de fotógrafo y aeronauta, recorre varios países latinoamericanos para ofrecer sus servicios y hacer demostraciones que despertaron el interés del público en general. Argentino de nacimiento, algunos afirman que se formó como aeronauta en París, pero lo cierto es que voló sobre Lima, Santiago de Chile, Bogotá y otras ciudades, asombrando a la muchedumbre al ascender por los cielos, tal y como sucedió en la capital colombiana, cuando en 1843 realizó el primer vuelo tripulado en globo, un ascenso tan abrupto que, según las crónicas, llegó a arrancar parte del tejado del edificio desde donde se elevó.

Raramente mencionado, por quienes han escrito sobre él, es su paso por tierra venezolana a la que llega en 1844. En efecto, a principios del mes de febrero, Flores se anuncia como hábil artista en el arte de la daguerrotipia, ofreciendo sus retratos por el módico precio de cinco pesos con su caja, asegurando que la operación no pasaría de cinco minutos. Al mismo tiempo, hacía saber que traía una “máquina aérea” en la que se elevaría por los aires, no dudando que los porteños acogerían con entusiasmo el nuevo y sorprendente espectáculo. Los periódicos valencianos Gaceta de Carabobo y El Patriota, del 9 y 11 de febrero respectivamente, publicaron avisos sobre su estadía en la ciudad marinera, siguiendo sus andanzas en la capital carabobeña. Ambos órganos de prensa los hemos tenido a la vista para documentar, detalladamente, la visita del valiente aeronauta.

En Puerto Cabello pasará al menos unas cuatro o cinco semanas, alojado en la casa de Roberto Corser, sita en la calle de la Caridad. Sin embargo, no lo acompaña allí la buena fortuna, ya que tanto por lo estrecho de la arena, como por la densidad del aire su globo no pudo elevarse, describiendo una muy pequeña parábola, tal y como puede leerse en una crónica aparecida en El Patriota del 16 de abril de 1844, en la que un articulista que se esconde bajo las iniciales G.G. también aprovecha la ocasión para explicar el funcionamiento del globo aerostático, recordando que la invención se conocía desde el siglo XVII y que su desarrollo moderno en Europa y Estados Unidos se apoyaba en el uso del gas hidrógeno. El globo de Flores –explicaba el articulista– respondía a un sistema más elemental que «está aparejado con candiles según el sistema del ciudadano Brison descrita en los elementos de física esperimental (sic), de manera que se vale de las llamas y humo de la paja para la inflación aplicando oportunamente el aparejo de la candileja para el impulso dándole la total expansión».

En Valencia, el aeronauta y acróbata correrá mejor suerte. A través de la prensa (Gaceta de Carabobo del 15 de marzo y El Patriota del 19 y 26 de marzo) anuncia que se prepara para hacer una ascensión en el globo, tan pronto como completara una suscripción que superara los 400 pesos, subrayando que se trataría de un espectáculo sobremanera sorprendente y agradable nunca visto en la ciudad. La suscripción se abriría en tres puntos: la casa de Felipe Lavaca, el negocio de los Sres. Azpuría y Cía. y la posada de la Concordia. Flores, en su afán de convencer al público, concluía su aviso diciendo: «No duda el exponente que este ilustrado público sabrá apreciar el mérito de su trabajo como uno de los grandes descubrimientos hechos en las ciencias físicas. El punto de partida se designará con anticipación, pues se desea escoger un lugar a propósito para la comodidad de los espectadores, con especialidad para los que se suscriban».

La ascensión finalmente tuvo lugar el 8 de abril, causando gran impresión entre los asistentes. En El Patriota del día siguiente, se lee: «Ayer hizo su ascensión en el Globo aerostático. Una numerosa concurrencia presenció un acto tan maravilloso para los valencianos, que han sentido una sensación extraordinaria y agradable al ver un hombre pasearse con tanta despreocupación, y tan sin ningún temor por las regiones aéreas. Ya no será para los incrédulos una ficción ver a un hombre elevarse sobre la tierra, venciendo la fuerza de atracción que esta ejerce sobre los cuerpos físicos que la rodean. Opinan algunos que la elevación fue como de mil trescientas varas sobre el nivel de nuestro suelo».

Esta fascinante figura, pionero de los vuelos aerostáticos / acrobáticos en la región, tendrá un trágico final. Desafortunadamente, el 30 de enero de 1848, encuentra la muerte retando la altura y al destino en el cielo de la capital guatemalteca.

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