María Corina Olavarría Beluche, presidenta perpetua de la Sociedad de Beneficencia y fundadora del Asilo de los Pobres, institución que hoy conocemos como la Beneficencia del Carmen, es otro personaje de antaño olvidado por la ciudad y desconocido por las nuevas generaciones. Su vida —discreta, religiosa, y perseverante— pareciera destinada a perderse en el anonimato, a no ser porque la institución que promoviera poco más de siglo y medio atrás todavía sigue en pie, y su nombre fuera epónimo del desaparecido Comedor Popular que abrió sus puertas en 1950.

Nacida del matrimonio formado por Domingo del Sacramento Olavarría y Reneta Beluche, nieta del prócer Renato Beluche, forma parte de una numerosa familia que vincula a conocidos apellidos del puerto. Entre sus hermanos se cuenta Domingo Antonio, empresario y hombre público, fundador del Banco de Carabobo y autor de varios estudios históricos que escribió bajo el seudónimo de “Luis Ruiz”. Dedicó su vida a actividades filantrópicas y en auxilio de los más necesitados, por lo que en 1869 «la simpática y caritativa señorita Corina Olavarría» funda el asilo de los pobres y promueve los recordados bazares que se celebraban el 1º de enero de cada año, a los fines de recaudar dinero para su sostenimiento. Los óbolos llegaban de muchas ciudades del interior, también del extranjero, y sus organizadoras no escatimaban esfuerzos para asegurar el éxito de la colecta.

En 1877, con ocasión de la visita del Ilustre Americano a la ciudad, la señorita Olavarría y demás directoras de la Rifa de Beneficencia le formulan formal invitación a través de una comisión de respetados caballeros, para que pasara al local del evento y depositara allí su ofrenda. Como defensora de los principios de la Iglesia Católica apoya la publicación del libro La Fe Cristiana (1888), publicado por Amenodoro Urdaneta como contestación a las perniciosas ideas de la revolución religiosa planteada por don Emilio Castelar. En 1881, impulsa la compra de una casa de dos pisos en la calle Bolívar para alojar allí a los ancianos e indigentes que, con el paso del tiempo, se consolida con el aporte que de otros inmuebles hicieran algunos particulares, como las hermanas Oronoz quienes donan la Gruta de la Virgen de Lourdes. En la medida que el asilo crece y requiere más personal, las promotoras deciden entregarlo para su manejo a la Congregación de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía, lo que ocurre el año 1893.

María Corina Olavarría se muda a Valencia, pero continuaría ayudando al asilo con importantes iniciativas. En 1891, por ejemplo, promueve junto con Josefa Oronoz de Pirela y Francisca Trujillo, en nombre del Asilo de los Pobres, la venta en la capital de un importante lote de billetes de la lotería, para lo que les fue reducido a la mitad la contribución que habrían de pagar a la Lotería Municipal de Caracas.

Muy poco sabemos de su vida personal, aunque las crónicas familiares cuentan que quiso ser monja en contra de la voluntad de su padre. De hecho, permaneció soltera hasta su muerte acaecida en la capital carabobeña, el 31 de enero de 1918. Aunque algunas fuentes establecen su fecha de nacimiento en 1838, el acta de defunción le atribuye 75 años al momento de su partida, es decir, que habría nacido hacia 1843. Sin embargo, en los libros de la Parroquia de San José (Puerto Cabello) no aparece su fe de bautismo, por lo que podría haber nacido en Curazao, como sucedió con su hermano Manuel Antonio. El nombre, además, se repite con alguna frecuencia en la familia generando confusión, tales son los casos de María Corina Olavarría Matos, quien casa con John Boulton Rojas, y de María Corina Olavarría Celis, que contrae matrimonio con Gustavo Roberto Wallis Legórburu.

A pesar de la poca información que tenemos sobre el personaje, es posible hoy colocarle un rostro a su nombre, pues de ella la Congregación conserva una magnífica pintura tipo retrato elaborado por el artista Arturo Michelena, y que conocimos unas cuatro décadas atrás. Una nota de prensa aparecida en el diario La Voz Pública (Valencia), del 7 de enero de 1882, nos brinda detalles de aquél: «Tarde venimos á saber ayer, que vino de Valencia constituido en una ofrenda al Bazar de Beneficencia de este puerto, el retrato de la señorita María Corina Olavarría, y nos proponíamos anotarlo hoy en nuestro diario, como parte de la crónica que sobre el Bazar escribimos en nuestro número del lunes.- Ahora ¿qué destino debe dársele a ese retrato? ¿deberá ponerse como mercancía en alguna de las mesas en que la suerte es la dueña y señora de los objetos que las contienen, según y cómo ande el rol de la fortuna? no: para nosotros, que á la vez somos miembros honorarios de la Sociedad de Beneficencia, en nuestra libertad, por otra parte, de pensar, ese retrato, estimándose como la mas preciosa dádiva, por representar nada ménos que á la dama que concibió y planteó la Sociedad y el Asilo de Beneficencia, debe presidir el adorno del local de dicha Sociedad, debiendo ser colocado en él, por acuerdo especial de la misma. «Nada más por hoy»».

Así, pues, el cuadro en referencia originalmente una ofrenda del pintor valenciano al bazar de 1882, permaneció por años en la sede del asilo como un homenaje a su presidenta perpetua, la misma que en silencio y modestamente consagró su vida al cuidado de los más necesitados.

mail@ahcarabobo.com
@PepeSabatino