LOS PRIMEROS  HOSPITALES  DE  VALENCIA Y  SUS  MEDICOS.

ORIGEN DE LA MEDICINA VENEZOLANA.

La Medicina venezolana es heredera de la medicina europea, la cual recogió los conocimientos adquiridos desde la antigüedad, de las antiguas civilizaciones que fueron aportando su propia experiencia como Babilonia, Egipto y sobre todo de Grecia, quién con Hipócrates realizó importantes adelantos en la racionalización de los conocimientos. Estos conocimientos durante la Edad Media se refugiarían en conventos y monasterios, donde permanecerá la medicina hasta el siglo décimo.  Posteriormente con el establecimiento de la Escuela de Salerno, la medicina laica vuelve a extenderse por toda Europa[1].  El Renacimiento, periodo que se inicia en el siglo XIV, y el cual alcanzó su auge unos doscientos años después, tendrá su influencia de Humanismo en todos los hombres de este tiempo. Esta será la época de los hombres que llegan a la América.

Otra fuente de la medicina venezolana  fue la medicina autóctona. En algunos países de América existió una cultura importante como en México, y su medicina  es conocida por manuscritos redactados por médicos indios de la época prehispánica. El escaso desarrollo de  las culturas aborígenes venezolanas no permitió esta información y nuestra medicina sólo es conocida por fuentes secundarias como por ejemplo la historia y la arqueología.  La medicina africana, también tuvo su influencia en aquellos inicios.  La ciencia médica venezolana arranca del choque,  de la fusión de los ritos del piache y de la medicina empírica de los médicos españoles, fusión que se mantuvo por largo tiempo y que queda en numerosas sustancias vegetales y animales empleados primitivamente entre nosotros y que han quedado como recuerdo en la medicina folklórica. La medicina venezolana tiene pues un origen mestizo.

El primer hombre apareció en América hace aproximadamente 20.000 años, y a Venezuela debió llegar entre 8 y 15.000 años. El segundo hombre –el español- que llega a formar parte de ese pueblo que es Venezuela, lo hace después del año 1.500, cuando comienza la conquista, y el tercero, el negro, llega casi con el español, se sabe que en Cubagua ya había negros traídos para trabajar.[2] Estas son nuestras raíces.

Es interesante destacar que entre las reglamentaciones impuestas por los Reyes Católicos, existía una, sanitaria que obligaba a todas las expediciones que venían a las Indias,  a traer un personal para servicios sanitarios, constituido por un médico, un boticario y un herbolario.[3]

ÉPOCA DE LA CONQUISTA

En el cuarto viaje de Cristóbal Colón en 1498, cuando descubrió a Venezuela, le acompañaba solamente un físico, (término dado antiguamente a los médicos) y de él queda en recuerdo un título y un nombre:  Maestre Bernal.  En la primera expedición de Alonso de Ojeda, en 1499, venían un cirujano español llamado  Santiago Alonso y un boticario italiano. El cirujano tuvo la oportunidad de ejercer su profesión ante una herida con flecha que sufrió Ojeda en Chichiriviche o Puerto Flechado, afortunadamente sobrevivió a la herida envenenada.[4]  En su segundo viaje, sólo quedó para el recuerdo el nombre del boticario: Don Diego Montes de Oca.  A Vicente Yánez Pinzón, lo acompañó en las primeras exploraciones a las costas orientales el médico y geógrafo notable  Garcí- Fernández.

En 1530, junto con la expedición de Juan Seissenhoffer  (llamado Juan Alemán) llega el Licenciado Hernán Pérez de la  Muela, fue un diestro cirujano de espíritu aventurero, expedixionó bajo las ordenes de Felipe de Hutten, y acompaño a Ambrosio Alfinger en su viaje de recuperación a Santo Domingo. Regresó a Coro, y fue el primer médico en radicarse entre nosotros, tal como lo afirma el Hno. Nectario María[5].

En 1569, llegaron a Cumaná en la expedición de Don Diego Fernández de Zerpa, el Licenciado  Luis de Rojas, médico y Juan Díaz de la Puerta, cirujano mayor. Se  sabe que otras expediciones trajeron médicos pero sus nombres   hasta el momento están perdidos,  ya que ningún historiador aparentemente los  registró.

Posteriormente, ya en los finales del siglo XVI  (1583)  se avecinda en Caracas, Don Miguel Gerónimo, siendo el primer inmigrante médico que no tuvo contactos previos con los conquistadores expedicionarios, ni con organismos oficiales.

Curanderos.

Por muchos aspectos entre los que resaltan la insuficiente cantidad de profesionales de la medicina o por el lamentable atraso en que se hallaba ésta, la medicina indígena no fue absorbida  en su totalidad, sino que se une a la medicina que nos llega en un intercambio cultural, de aquí el carácter mestizo de nuestra medicina, este intercambio fue notable en el uso del arsenal terapéutico indígena. La medicina venezolana presenta igual origen heterogéneo que nuestro pueblo.

Dos figuras sobresalen entre los curanderos españoles que habían aprendido de la medicina aborigen: Francisco Martín, quién fue un verdadero piache, con una historia  extraordinaria propia de un personaje novelesco, la cual fue versificada por el cronista poeta Juan de Castellanos. Otro curandero famoso fue Don Diego Montes, natural de Madrid,  y al que apodaron “El Venerable”,  éste participó en muchas expediciones, incluso en la de la fundación de Caracas, murió en la ciudad de El Tocuyo de edad avanzada.

En la Nueva Valencia del Rey,  por los años que siguieron a su fundación,  la cual todavía se mantiene entre la tradición de Oviedo y Baños, quién hace aparecer a Alonso Díaz Moreno, natural de León, -confundido por algunos con su homónimo, natural de Santa Olalla, mucho más joven, ya que nació en 1553- y al Licenciado Alonso Arias de Villasinda, a quién el Hermano Nectario María le da la gloria de haber fundado a Valencia en 1553,  con el prestigio, rigurosidad científica y  extraordinaria laboriosidad en la investigación histórica característica en él. Éste investigador clarifica los primeros días de la ciudad, dando importancia también al capitán Vicente Díaz Pereira como su cofundador, quién en documentaciones de 1674 era considerado “Primer Capitán Conquistador, Pacificador y Poblador de la ciudad de Valencia” [6].    Dicho tema aún permanece abierto a la investigación.

No conocemos nombres de médicos para aquel entonces en Valencia, a la cual imaginamos como una pequeña aldea alrededor del centro de la actual ciudad, con una tendencia a la expansión hacia el oeste, hacia Flor de Mayo, quizá los cerros del oeste, la fila del Guacamaya, el hoy Cerro de las Tres Cruces, oponían un cierto obstáculo a las invasiones y a la vez un posible sitio para una eventual defensa. En Juicios de Residencia efectuados en nuestra ciudad entre 1561 y 1571, se  hacen las siguientes menciones que nos ilustran sobre esos tiempos:

“Esta ciudad tiene una casa que es de su Majestad, en la cual se hacen los cabildos cuando es menester, y asimismo hay un bohío el cual es mío propio para efecto de cárcel y asimismo hay caja de cabildo, la cual está en poder de Vicente Díaz y que si al presente no hay arancel es porque en esta ciudad le solía haber y con el rebato que hubo de los franceses, llevando el ato al arcabuco se perdió  entre otras cosas” [7]

También los indios de Nirgua, atacaron a Valencia en varias oportunidades, de esto queda el testimonio nada menos que del muy famoso Capitán Garcí González de Silva en  testimonio efectuado el 6 de septiembre de 1609: “y que sabe por haberlo visto que las personas que han defendido a Valencia de los indios de la provincia de Nirgua  han sido el Capitán Vicente Díaz sus hijos y Yernos”[8]

Claramente se evidencia que nuestra ciudad sufrió los ataques de los indios de Nirgua, como de piratas en sus primeros años que debieron ser terribles para sus habitantes, pero no hemos encontrado referencias a los médicos que debían existir en una ciudad de asaltos frecuentes de indios que producían en los españoles con sus flechas envenenadas, el mismo terror que estos a los indios con sus sonoros y mortíferos arcabuces.

Las únicas referencias que hemos encontrado sobre la dualidad salud-enfermedad,  son la declaración del propio Alonso Díaz, a raíz de recibir en su estancia a los miembros de la expedición del Capitán Herrera, a la que acogió con gran generosidad. Según sus palabras “ A los sanos se les daba abundancia de carne de vaca, y a los enfermos de cordero”. Y a la larga enfermedad de Pedro Malaver Silva, quién en viaje de Margarita, en búsqueda del Dorado, hubo de mantenerse 6 meses en Borburata, creemos lo más lógico  que debió haber sido tratado por algún facultativo, pero desgraciadamente no hay ningún dato a este respecto.

La  Falta de medios de subsistencia y pobres resultados de la caza de animales selváticos, dejaron a los expedicionarios de la primera mitad del siglo XVI en situaciones de hambre extrema y miseria espantosa,  añadido a esto las fiebres palúdicas, los males sifilíticos, las mordeduras de serpientes venenosas  desconocidas en Europa. Podemos percibir los problemas de los médicos europeos con sus conocimientos de la medicina galénica que regía en el viejo mundo. Se calcula que más de 5.000 españoles fallecieron víctimas de las situaciones anteriores en Venezuela y Colombia en los primeros treinta  años que siguieron al Descubrimiento de América. Tomamos de don Alfredo Colomine, la cita de un cronista de  la época: Fray Pedro Simón, quién escribiera con apego socrático a la verdad, que lo que más necesita el médico es de la buena suerte, “ o por mejor decir, el pobre enfermo que la tenga el médico”

ÉPOCA DE LA COLONIA.

Es en el siglo XVIII en que se esboza la nacionalidad venezolana, de lo que se hizo allí, tomó forma las estructura de Venezuela, entre  las instituciones que conformaron su fisonomía se encuentran, la Universidad de Caracas, creada en 1723. En 1776 la intendencia de real  Hacienda, y en 1777, por Real Cédula se decreta la Capitanía General de Venezuela, que unificó las distintas provincias del futuro país de Venezuela. Finalizando el siglo, en 1786, se decreta la Real Audiencia y en 1793, el Real Consulado, estas completan las instituciones raíces de la nación venezolana.

La cátedra de medicina comenzó, debido a una cantidad de problemas y prejuicios en 1763, fue creada por Don Lorenzo Campins y Ballester, nacido en Palma de Mallorca en 1726.  Se graduó de médico en 1756, en la Universidad de Gandía y se trasladó a Caracas a principios de 1762. Gracias a su perseverancia, pudo ver doce años más tarde, en 1775, la graduación de sus primeros discípulos José Francisco Molina y en 1782, Rafael Córdoba Verde.  José Francisco Molina era natural de Puerto Cabello.  Campins y Ballester, fue el fundador de los estudios médicos y el fundador del Protomedicato, por enfermedad grave e incapacitante, le sucedió Molina, primero como interino y luego como protomédico y Catedrático.

El tercer Protomédico y Catedrático de la Universidad Colonial fue el caraqueño Felipe Tamariz, quién la regenta por el tiempo más largo: -26 años- de aquí la gran cantidad de alumnos entre ellos figuras sobresalientes de nuestra historia como José María Vargas.  Salió de Caracas huyendo de las tropas realistas siendo fusilado en Barcelona en el año de 1814.

El médico con ejercicio más antiguo  en Valencia, ha sido Don Pedro Moner en el año de 1647[9], luego tenemos noticia del ejercicio de Esteban de la Fuente, médico Francés, por el año de 1708, y del también médico y cirujano galo  Baltazar de Sigalaux, en 1736. Siendo estos los tres primeros nombres que hemos encontrado ejerciendo la práctica médica en  Valencia. Luisa Galindez nos informa acerca del ejercicio médico del Licenciado Manuel Tirado, en 1812.[10]

TIEMPO DE HOSPITALES.

El Hospital, nos dice el Maestro Fabián de Jesús Díaz, es un exponente del sentimiento cristiano de la caridad, que no fue conocido ni por los egipcios,  ni los griegos, ni los romanos, siendo su simiente las enfermerías conventuales de la edad media, como  también  los largos años de la dominación árabe, donde se daba gran importancia a dicha institución.   En América, ya  los Reyes Católicos habían  ordenado al Comendador Obando, Gobernador de la Española, erigir y sostener hospitales, y en 1512, ya existían dos hospitales, siendo estos los primeros de América. 

Hospitales de Valencia y sus Médicos.

HOSPITAL DE SAN ANTONIO DE PADUA.

Construido por los españoles a mediado del siglo XVII, situado en el cruce de las calles Colombia y Soublette, es considerado el inmueble más antiguo que tiene Valencia. De tapias y tejas, con patio y amplios corredores reproduce el modelo del hospital colonial hispanoamericano.

Fue el único centro asistencial que tuvo la ciudad hasta el siglo XVIII. Tenía una capacidad de alrededor de ocho camas  para el año de 1768.  Cuando la visita del Obispo Martí, el 23 de marzo de 1783, tenía siete pacientes, habiendo dispuesto el señor Obispo que se ocuparan hasta ocho camas fijas  (en oportunidad había llegado a quince)[11]

PERSONAL.

El personal se componía de la siguiente forma: Un médico con un sueldo de 150 pesos anuales. Un practicante cuyo sueldo era de 60 pesos anuales y comida y una cocinera con 84 pesos anuales y comida como retribución.

El hospital era administrado por un Mayordomo, quién designaba al médico, entre quienes ejercieron la mayordomía se encuentran: Luis Rodríguez de Guzmán, luego Antonio Gregorio Landaeta y a Luis José Windevoxhel, quién se desempeño hasta finales del siglo XVIII.

Entre los médicos  que ejercieron en este centro cabe mencionar a: Diego Pereira,  cirujano romancista, nacido en Caracas. Para 1795 actuaba como Cirujano del Batallón de Pardos de Valencia, de él son  las primeras disposiciones de higiene pública dictadas en nuestra ciudad.

Juan Saubeny.  Fue también Cirujano del Batallón de Pardos.

Mateo Saubens, Ejercía como Cirujano de La Compañía Güipuzcoana, cuando acepto el nombramiento de medico del Hospital de Valencia, fue también Cirujano del Batallón de pardos y blancos de Valencia. Renunció a sus cargos en el año 1794.

Pedro de Deo. Médico francés sustituyó a Saubens en sus funciones, tuvo problemas a raíz de los sucesos de la revolución francesa, por haber sido denunciado como antimonárquico ante el gobierno español, pudo demostrar su inocencia y reincorporarse a sus cargos. Murió en 1795 en el desempeño de sus funciones.

El hospital fue utilizado para distintos fines, sobre todo debió estar abandonado durante la época de la Guerra de Independencia. En sus habitaciones se reunió el Congreso de 1812, en el periodo del 16 de marzo al 6 de abril. Clausurando sus sesiones frente a la amenaza de las tropas de Monteverde que se acercaban a la ciudad.

En el año de 1830, se reunió el Congreso Constituyente que separo a Venezuela de la Nueva Granada y eligió al General José Antonio Páez como Presidente de Venezuela. En otras oportunidades había servido como Hospital de Sangre y como cuartel.  En él sé instalo el Colegio Nacional de Carabobo, el día 5 de julio de 1836.

HOSPITAL DE CARIDAD.

Motivado a los decretos del Presidente Guzmán Blanco en 1874, que efectuaron profundos cambios en la administración de los hospitales, el Hospital de San Antonio de Valencia pasó a depender del Concejo Municipal del distrito, y cambia su denominación a Hospital de Caridad, término utilizado para su denominación desde hacía muchos años, el Teniente de Valencia Don Antonio Manzano en 1768, hace referencia a él como Hospital de Caridad.[12] Casi simultáneamente a estos cambios,  el Presidente eleva el Colegio Nacional de Carabobo a Colegio Federal de Primera Categoría, y su sede, el Convento de San buenaventura, sufrirá  importantes modificaciones, de esta época data su segundo piso y las transformaciones de la fachada. Se convertirá con el tiempo en sede de la Facultad de Derecho y emblema de la Universidad de Carabobo.

Los estudios superiores habían seguido un curso regular desde 1852 en donde los estudiantes de los últimos años de la carrera médica frecuentaban el hospital, allí se realizaron las primeras intervenciones, así como se inició el uso del cloroformo, dando origen a la anestesia en nuestra ciudad. El descubrimiento del éter, fue comunicado al mundo el 18 de noviembre de 1846, en un articulo publicado en el “Boston Medical and Surgical Journal”[13] y un año después se introdujo el cloroformo. Una de las intervenciones realizadas en este hospital fue recogida para la historia por el doctor José Antonio Zárraga (quién había sido discípulo de Vargas) en las páginas de un folleto titulado “Lecciones de Clínica Quirúrgica Dedicado a los Estudiantes del Colegio Nacional de Carabobo”. Relativo al caso de una litiasis vesical de un paciente intervenido el día 12 de mayo de 1856, bajo anestesia clorofórmica, este medio fue descubierto en 1831-32, y presentado a la Sociedad  Médica de Edimburgo en 1847 por James Young Simpson, quién lo había utilizado por primera vez. La fuerte oposición y dificultades hacia su empleo cesaron virtualmente, luego que la Reina Victoria, fuera intervenida mediante el cloroformo en 1853[14]. Su uso en el hospital valenciano se produce, a 9 años de la presentación a la sociedad médica y a tres años de su uso en la Reina de Inglaterra, lo cual  marcó su generalización.

El Dr. Zárraga, operaba acompañado de Horacio Cassaire, realizaban variadas intervenciones entre ellas: amputaciones de miembros, curas de fístulas rectales, enucleación del globo ocular, hemorroidectomías, y dilataciones uretrales mediante el cateterismo gradual. En esta etapa, los actos quirúrgicos se realizaban con mayor frecuencia y era regular la presencia de estudiantes, los cuales se denominaban practicantes, quienes aumentaron sobre todo a partir de la apertura de la universidad de Valencia en 1893.

Se realizaban allí una serie de conferencias, de exposiciones semanales de carácter contradictorio a cargo del profesorado de medicina de la Universidad, lo que aumentó la función docente de aquel instituto, y en sus salas se utilizó por primera vez el microscopio en nuestra ciudad.[15] La Universidad Poseía dos uno grande de tres objetivos y uno pequeño, además de una lupa de gran aumento.[16]Recordamos que el primer microscopio fue utilizado en Venezuela por Alejandro de Humboldt, y el Dr. José María Vargas, es el primer médico venezolano en usarlo, poseía dos que dejó a la Universidad según su testamento[17].  El Hospital de caridad se completaba con la Casa de Beneficencia construida hacia su parte oeste, para la reclusión de los desamparados. Puesta en servicio por el Dr. Laureano Villanueva cuando fue Presidente del Estado, en 1890.

Médicos ligados al Hospital de Caridad

Dr. Manuel María Zuloaga.

Considerado cofundador de los estudios médicos en Carabobo, Natural de San Joaquín y radicado en Valencia desde 1845. Ejerció aquí la medicina por casi cuatro décadas, murió en 1882. Era el médico con más clientela en Valencia y sus alrededores. Había escrito sobre el cólera y sobre las fiebres del Lago de Valencia.

Luis Pérez Carreño.

Graduado en la Universidad de Caracas. En 1891, alcanzó la condición de médico más reputado del Estado. Ejerció también el Derecho como miembro de lo Corte Superior de Justicia  de Carabobo. Como médico había mostrado predilección por la Obstetricia, siendo profesor de esta asignatura en el Colegio Federal de Primera Categoría y en la Universidad de Valencia.

Dr. Manuel Quintana.

Director del Hospital de Caridad, cirujano osado. Había regresado de París recientemente y traía la imagen de los hospitales y de la medicina francesa, estudió allí los procedimientos de asepsia y antisepsia. Operaba con inusitada frecuencia tanto en el Hospital de Caridad, como en la Casa de Beneficencia. Estableció la Sociedad Médico-Quirurgica de Carabobo, en unión de José Rafael Revenga. Fue amigo de Arturo Michelena, quién nos dejó su figura en magnífico dibujo a lápiz. En carta del pintor a su madre desde París, fechada el 15 de abril de 1887, escribe la siguiente  información acerca de sus amigos médicos: “Los Doctores Quintana y Llanos i el compañero Rojas buenos todos.” El Dr. Llanos, a quién a hace alusión  es el doctor Luis Llanos Ágreda, nacido y  con ejercicio en Valencia, fue médico de cabecera del General Hermogenes López y quién firmó su defunción en 1898.

También estuvieron en la última década del Hospital de Caridad: José Rafael Revenga, quién es el cirujano más caracterizado del cuerpo médico de la última década del siglo pasado. Medardo Medina, Diego Plaza Madriz, Atilano Vizcarrondo, Virgilio González Lugo, Virgilio Herrera, Manuel Antonio Fonseca, Eduardo Célis,  Miguel Angel Pazquez, y Manuel Cárdenas.  Sobresalieron en la Universidad, Carlos Sanda, Rafael Guerra Méndez, Rafael Manuel Iturriza, Faustino Figueredo y Lorenzo Araujo.

Con la entrada en servicio del nuevo Hospital Civil,  inaugurado el  1º enero de 1897, pero desatada la epidemia de viruela  en 1898, se utilizó como hospital para su control y entró en servicio  al público algún tiempo después de terminar ésta, el hospital de caridad perdió importancia, a lo que se sumó posteriormente, en 1903 el cierre de la Universidad de Valencia por el régimen de Cipriano Castro,  comenzando su declinar que terminó con su cierre tal vez en la primera década del presente siglo.

Fue utilizado como sede de institutos de ayuda al niño, por lo cual en alguna oportunidad se conocía como “Casa Cuna”.

Estuvo abandonado y sirvió como depósito durante muchos años y en peligro de ser demolido.  Fue salvada su edificación casi en los últimos momentos por la acción decidida del Centro de Historia de Carabobo, quién logró su clasificación como Monumento Nacional  y posterior restauración, haciéndose justicia con un inmueble tan meritorio, que calmó los dolores y brindó consuelo, cuando consuelo era lo único que podía darse a tantos valencianos.  Fue hogar de los estudios médicos, y cobijó los sueños independentistas de 1812, y las actitudes de 1830, quizá ingratas o de incomprensión o matizadas también por el miedo, pero de donde salió la República de Venezuela. Es nuestra historia y como decían los griegos “Ni los dioses pueden modificar el pasado”. La mentira sólo puede falsearlo por un tiempo. 

En 1998 realizamos un estudio sobre las causas de muerte del Hospital de Caridad,[18] creemos que la mayoría de los datos estadísticos de los viejos hospitales están perdidos, sin embargo utilizando como fuente la información del registro civil, pudimos darnos una idea de la mortalidad de aquel hospital y de la patología más frecuente e importante en aquellos días.         Los resultados fueron los siguientes, en cuanto a la mortalidad  en cinco años, de 1882 a 1886 fue de 545 casos, con un ascenso que, comenzando con 54 casos el primer año, es triplicado a los cinco años, lo que hace suponer que existía un constante aumento del número de pacientes, y una numerosa afluencia de pacientes a la consulta externa de dicho instituto.  El sexo masculino tuvo el doble de la incidencia sobre el femenino.

De las causas generales de muerte, observamos que la tuberculosis, flagelo del siglo pasado ocupó el primer lugar, seguido por alteraciones gastrointestinales y enfermedades inflamatorias. En cuanto a la distribución etaria,  la prevalencia se evidenció en el grupo de 21 a 30 años con 120 casos,  seguido del de 31 a 40 años, con 110 casos. La juventud pagaba tributo a las viejas plagas:  desnutrición, enfermedades inflamatorias y tuberculosis. Hoy a las puertas del año dos mil, estos viejos guerreros han detenido su retirada y miran hacia atrás amenazantes, quiera Dios que no retomen su furia contra la humanidad.

Estos datos nos permiten tener una visión del trabajo del hospital. De sus diagnósticos, se evidencia el trabajo clínico y la cultura médica y científica. En algunos casos permite suponer la actualización de conocimientos, como por ejemplo el diagnóstico de Delirium tremens, de muy  reciente uso en aquellos años. En síntesis podemos decir que la medicina aplicada en el Hospital de Caridad de Valencia, estuvo a tono con los conocimientos médicos de su época.

En los “apuntes estadísticos del Estado Carabobo”, realizados porla Dirección de Estadística del Ministerio de Fomento en el año económico de 1873 a 1874. Cuando se refiere a beneficencia, dice lo siguiente: “Existe en la ciudad de Valencia un Hospital de Caridad… Hoy existe con solo veinte enfermos, un médico, un contralor, un practicante y sirvientes. El Concejo municipal no atiende a esta casa como debiera hacerlo y ni siquiera a podido refaccionar por completo el hermoso edificio”.[19]

EL HOSPITAL CIVIL DE VALENCIA.

El Hospital Civil de Valencia fue el resultado de una necesidad sentida por el gremio médico de Carabobo ante las ya insuficientes salas del Hospital de Caridad. Motorizaron la idea los doctores Luis Pérez Carreño, Atilano Vizcarrondo y Manuel Quintana, quienes lograron; gracias a su entusiasmo, la acción conjunta de todos los poderes de Valencia. Era gobernador el General José Felix Mora, quien con pasión se adhirió al proyecto del nuevo hospital.

La Asamblea Legislativa, el 28 de febrero de 1895, decretó: “La fundación en esta ciudad de un Hospital Civil del Estado con capacidad suficiente para doscientos enfermos”. Se creó igualmente una Junta Directora, compuesta por médicos y ciudadanos, la cual estaría encabezada por el Presidente del Estado, dicha junta debería levantar el plano del edificio, éste debía satisfacer todos los adelantos médicos de la época, igualmente seleccionarían el sitio adecuado para levantar la obra. Se escogió una explanada conocida como el Hemiciclo, que corresponde hoy al cruce de las calles Cantaura y Aránzazu, terreno adquirido y donado por la Municipalidad de Valencia, y el Ejecutivo firmó contrato para la construcción con la Empresa Torres de la Ville y Compañía.

Los trabajos comenzaron y ya el 15 de diciembre de 1896, en el número 120 de la revista “El Cojo Ilustrado” vemos  fotografías de la construcción del hospital, donde evidenciamos su fachada bastante adelantada.[20] Y el primero de enero de 1897 se procedía a su inauguración. La bendición la llevo a cabo el Vicario de Valencia y el Discurso de Orden corría a cargo del Dr. Arminio Borjas, Profesor de la Universidad y destacada figura del Poder Judicial [21] Cuando todavía no comenzaba con sus labores asistenciales, se presentó en Valencia una epidemia de viruela. El Gobierno del Estado de acuerdo a la Junta de Salud Pública, el gremio Médico y el  Concejo Municipal dispuso la habilitación del nuevo instituto para degredo de los variolosos. Se nombro médico del Hospital al Dr. Pérez Carreño, quién era Presidente del Ayuntamiento y separándose de sus múltiples compromisos se interno en aquel nosocomio, junto a él estuvieron los doctores Briceño Picón y Plaza Madriz,  también colaboró en la asistencia de los enfermos el presbítero Félix Andrés Bergeretti, Director del Colegio Don Bosco.

Podemos darnos una idea de aquella tragedia, por los datos de dicha epidemia: 2.141 enfermos, de los cuales murieron 607.  Conocemos relatos de familias enteras que desaparecieron por dicha causa. De los tres degredos habilitados el de más vastos servicios fue el Hospital Civil,  tanto que  en oportunidades presentó condiciones de  un verdadero hacinamiento.

El edificio del Hospital era “amplio y majestuoso” en su parte frontal, nos dice el Dr. Fabián de Jesús Díaz. El acceso se realizaba por medio de una escalinata ancha y cómoda, a la derecha esta ubicado el pabellón de cirugía y los departamentos de las Hermanas, a la izquierda la sala de consultas externas, la farmacia y la capilla, los pabellones de hospitalización en número de cuatro se colocaban dos a la derecha para hombres y dos a la izquierda para mujeres, un jardín a cada lado separaba unos de otros, reproducía el mismo sistema de pabellones aislados utilizado en el Hospital Vargas de Caracas, al cual copiaba en una escala menor. Cada pabellón podía albergar hasta 40 pacientes. Al fondo del patio central se encontraba la cocina y dependencias anexas.

El edificio fue construido a base de paredes de adobes, techos de vigas y cañas bravas el cual era el sistema imperante en la época.

Médicos Ligados al Hospital Civil.

Muchos de los médicos ligados al Hospital de Caridad continuaron su trabajo en el Hospital Civil, entre sus Directores se recuerda a Diego Plaza Madriz, cirujano de nota, animador del trabajo quirúrgico del Instituto, durante su gestión el Hospital fue dotado de un modesto laboratorio. Había trabajado en el Hospital de Caridad y Casa de Beneficencia, siendo también Profesor de la Universidad de Valencia, a donde había ingresado el 5 de febrero de 1900, como Catedrático de Terapéutica y Medicina Legal, asumiendo el Vicerectorado el 15 de junio del mismo año. Fue Concejal de Valencia y estuvo con el Dr. Pérez Carreño en la asistencia de los variolosos de la epidemia de 1898. Igualmente con los doctores  Pérez Carreño y  Pablo Hernández Madrid, fundaron la primera clínica establecida en Valencia, era una clínica médico-quirúrgica, con “laboratorio Bioquímico completo y en capacidad de realizar toda clase de operaciones quirúrgicas”, según se anunciaba[22]. Otros Directores que se recuerdan fueron Eduardo Vegas y Tulio Valery Salas, quién tuvo larga y útil vida profesional, hasta finales de los años sesenta fue médico de las industrias Cemento Carabobo.

También encontramos los nombres de: Luis Felipe Ravelo Pérez, Simón Arocha Pinto, quienes realizaron labor quirúrgica. Carlos Ottolina, Lorenzo Araujo Ecarri y Víctor Manuel Lozada, que realizó trabajo como cirujano, siendo además hombre de inquietudes, es el médico que hace la primera referencia  al Rinoescleroma en Venezuela, presentando los primeros dos casos conocidos en el país.[23] Fue además un empresario emprendedor, modernizó y creó un moderno hotel para explotar las aguas termales de Las Trincheras.

El Hospital continuó en franco crecimiento y adaptación, en 1908, el Presidente del Estado Dr. Samuel Niño  ordenó por decreto la construcción de dos nuevos pabellones con una capacidad de cuarenta enfermos cada uno, y en 1923, el Hospital estrenó su aparato de Rayos Equis, siendo confiada la radiología al Dr. Felipe Contreras Troconis.

El año de 1936, un año después de la muerte de Juan Vicente Gómez, Venezuela respiraba un aire diferente, para algunos el siglo veinte llego a nuestra patria con treinta y cinco años de retraso, sobre todo en el aspecto de las libertades públicas. En el Hospital se sentía este aire de renovación, las últimas generaciones de médicos se unieron a los de mayor experiencia y años de servicio para crear un movimiento de concientización ciudadana en pro de dichas instituciones, fueron a la radio a la prensa y como respuesta se obtuvo la colaboración de personalidades e instituciones como el Concejo Municipal, quienes colaboraron en su restauración y dotación de nuevos equipos, entre ellos una ambulancia, la cual complementaba el servicio de emergencia. Entre los colaboradores se contó con el  Ministerio de Sanidad, quién por primera vez en nuestra historia se comprometió a colaborar con una asignación mensual con el Hospital Valenciano.

Se construyeron nuevas dependencias, entre ellas un nuevo quirófano, se abrió el Servicio de Otorrinolaringología, fueron pavimentadas sus calles perimetrales y sus nuevas dependencias fueron encomendadas a Dios con la bendición del Ilustrísimo Señor Obispo de la Diócesis Monseñor Gregorio Adam. Aquí se abrió la primera sala de maternidad de la ciudad, por los doctores Arocha Pinto Y Guerra Méndez,

Era Director del Hospital el Dr. Ramón Sifuentes, sobre él recayó el nombramiento del recién creado cargo de Inspector de Hospitales, ambas funciones pasaron a ser desempeñadas por el Dr. Alfredo Celis Pérez, quién fuera uno de los abanderados de la renovación hospitalaria.

En el aspecto administrativo también existieron cambios importantes, se establecieron los cargos de Jefe y Adjuntos para cada servicio, se crearon cargos para médicos Residentes de disponibilidad, y la provisión de los cargos se realizaron por Concursos de Oposición.

Entre sus médicos se encontraban los siguientes. Francisco Ignacio Romero, Lorenzo Araujo Ecarri, Luis Correa Avila, Fabián de Jesús Díaz,  Julio Reyes T. Jorge Lizarraga, Napoleón Malpica Guada,  Fernando Guerra Méndez, Ramón Arcay T.  Víctor Guada Alvizu, Luis Briceño Dolande, entre los cirujanos que ingresaron posteriormente estaba el doctor  José Luis Guada Solá, último de los grandes cirujanos de aquel instituto, más de trescientas intervenciones realizadas en su quirófano se encontraban en sus credenciales y le abrieron las puertas del Hospital Central en los Concursos de Credenciales realizados en su apertura.

Al frente de la farmacia, que llegó a ser  la Farmacia Central de los Hospitales e Institutos de Beneficencia de la ciudad se encontraba el Dr. Ignacio Bellera Arocha, posteriormente realizó la carrera médica y estuvo entre nosotros desde la fundación de esta academia. El primer Laboratorista del Hospital fue el Señor Cesar Sánchez Font.

Los pacientes fueron trasladados al Hospital Central una vez que éste entró en funcionamiento en 1949, quedando como Hospital Antituberculoso, con los doctores Víctor Yespica, Carlos Ortega y  Bruno Innocenti.

Aquel Hospital fue abandonado, no sabemos si hubiera podido ser reacondicionado, como se pensaba para enfermos crónicos, se fue destruyendo poco a poco ante la indolencia de una ciudad y unos ciudadanos que con muy contadas excepciones han llamado la atención sobre los despojos que se le realizan a su historia y a su patrimonio. Veíamos aquel edificio derrumbarse y por fin fue totalmente demolido. Los pueblos sin historia sufren una especie de amnesia colectiva y no saben de donde vienen ni adonde los lleva el destino. Pensamos en los hospitales de Francia, el Hotel Dieu, el Laribosiere,  adaptados continúan con su labor casi doscientos años después de fundados y recordamos al viejo hospital que vimos morir, y donde el terreno que ocupaba fue utilizado treinta años más tarde, no encontramos la razón ni entendemos tanta indiferencia.

“Tierra eres y en Bronce te Convertirás”

Verdaderamente hay hombres que en su paso vital merecen el recuerdo y reconocimiento perenne de sus conciudadanos, todo lo que es humano tiende a desaparecer e ingratamente muchos hombres buenos son olvidados. Algunos de aquellos médicos que realizaron obras excepcionales ya se encuentran perpetuados para que no se pierdan de la memoria de la ciudad, ahí están Pérez Carreño, insigne Maestro, la ciudad recordará su desprendimiento y lucha tenaz contra la epidemia de Viruela, Sifuentes luchador por los hospitales. En la Universidad Torrealba mira hacia los salones de clase, invitando a las nuevas generaciones de estudiantes a ser mejores que las que los precedieron, Célis Pérez, hombre genial, trabajador incansable, universitario de excepción, visionario y quijote, está para siempre en la universidad que tanto amó, y un teatro se honra con su nombre de humanista y de hombre universal, quizá el más universal de nuestros médicos.

Pero no puedo terninar sin reclamar el bronce para los olvidados, los injustamente olvidados allí esperan,  son muchos entre ellos destacamos a Francisco Ignacio Romero, una leyenda de la cirugía moderna, estudioso, con una gran habilidad y un gran dominio, no sólo de la parte quirúrgica, sino de la clínica, dotado de una especial memoria, solía, aún en su ancianidad recordar y recitar en francés los pasos de complicadas intervenciones quirúrgicas, trabajador y luchador por su ciudad. Su trabajo  sobre la cirugía Gastro-duodenal, de la cual fue fundador le valió el Premio Luis Perez Carreño, en 1943.    Fabián de Jesús  Díaz, cumplió con mística y dedicación toda la carrera hospitalaria y docente que un profesional de la medicina puede desear, además su pluma rescató del olvido personajes y  sitios de la ciudad. Fue un activo luchador por los sitios históricos y por su tierra.  Presidente Fundador del Centro de Historia de Carabobo, donde su venerable presencia aún esta fresca. Infinidad de nombres quedan  Quintana, Barreto Lima,  Patteta Queirolo, Lizarraga, Arcay T, Napoleón Malpica Guada, Otto Malpica Guada, Luis Guada Lacau, Luis Rodríguez, entre ellos.

Esperemos que la vida nos dé tiempo para verlos recordados como su vida de sacrificio lo merece, sobre todo que nunca esperaron una recompensa  a sus largos desvelos y a su obra creadora, que a muchos todavía nos beneficia, y sean un ejemplo a seguir a las nuevas generaciones de ciudadanos y sobre todo de  los médicos.

En estos tiempos de crisis, no solo de nuestro país sino del mundo, el recuerdo de nuestros hombres excepcionales constituye una honra y la bandera que dejaron en nuestras manos una trinchera moral y un orgullo. Esa bandera de ideales es parte de la patria, mantengámosla en alto y sigamos  adelante, adelante hasta entregarla con colores de esperanza, de dignidad y de sacrificio a las nuevas generaciones. Ellos confiaron en nosotros   No los defraudemos

Muchas Gracias Señores.

Enrique José A. Mandry Llanos.

Centro de Historia del Estado Carabobo. Discurso de Incorporación del Doctor Enrique José A. Mandry Llanos.  Como Individuo de Número.

Valencia, Jueves  22 de Julio de 1999.


[1] Díaz Fabián de J.  Medina O. Luis R. Manual de Historia de la Medicina. U. de C. Ed. Del Rectorado. Valencia 1979. Pag. 34

[2] Uslar P. Arturo. Cuéntame a Venezuela

[3] Archila Ricardo. Historia de la Medicina en Venezuela. U.L.A. Ed. Del Rectorado. Mérida. 1966 pp.49-50.

[4] Fortique, José R. Crónicas Médicas. 1975.

[5] Archila. Ob cit. P. 50

[6] H. Nectario María. Historia documental de los orígenes de Valencia, Capital del Estado Carabobo.(Venezuela) Madrid 1970 pp.51-52

[7] Ibídem. P 68

[8] Ibídem. P 49

[9] Díaz Fabián de Jesús, Medina O. L.R.  Ob. Cit. P 136.

 

[10] Galindez Luisa. Historia de Valencia.Tomo I. Alfa Gr´fica. Valencia 1984. P.19

[11] Archila R. Ob Cit, p 118

 

[12] Galindez Luisa.  Ob cit.  p.11

[13] Bishop W.J. Cirugía Historica Ed. Mateu.Barcelona.1963. pp 258-9

[14] Bishop  W.J. Ob Cit. pp262.

[15] Díaz Fabián de Jesús. Los Hospitales en Carabobo. Tip. París en América, Valencia 1980 p12-13.

[16] Inventario de la Universidad de Valencia. Editado en Valencia en 1897.  Se encuentra en la oficina del Cronista, Revisamos el ejemplar con Don  Luis Cubillán  F.

[17] Beyer, Helmut K. Reflejos sobre la Historia del Microscopio.Rev.Fund.J.M.Vargas.Vol.XI Nº 1.  P.19

[18] Mandry Ll. Enrique J. Las Causas de Muerte del Hospital de Caridad y de la Casa de Beneficencia. VII Congreso Venezolano de Historia de la Medicina. Valencia. 1998.

[19] Apuntes Estadísticos del Estado Carabobo.  Ed. Oficial,  Imp. Federal. Caracas, 1875. P.56.

[20] Rev. “El Cojo Ilustrado” Ed. J.M. Herrera I. Nº 120. Caracas p. 935

[21] Díaz Fabián de J. Ob. Cit. P 14-17.

[22] Díaz Fabián de J. Ob Cit. P41.

[23] Kerdel-Vegas Francisco y Convit J. Rinoescleroma. Ed. Científico-Médica. Barcelona 1966. P.8-9.