DISCURSO DE CONTESTACIÓN AL PADRE LUIS MANUEL DÍAZ COMO INDIVIDUO DE NÚMERO DE LA ACADEMIA DE HISTORIA DEL ESTADO CARABOBO.

Quiero agradecer nuevamente a la junta Directiva de la Academia de  Historia del Estado Carabobo, el haberme designado para contestar el discurso de Incorporación del distinguido amigo Presbítero Don Luis Manuel Díaz como Individuo de Número de esta institución,  constituyendo esto para mí un honor.  Con  el distinguido recipiendario –tal como dije en su incorporación como Miembro Correspondiente: “he tenido el gusto de trabajar con él en esa maravillosa obra que es el Seminario Arquidiocesano de Valencia, donde  conociéndolo se conocen unos dotes humanísticos y espirituales muy altos, unidos a una gran humildad, pudiéndose decir para describirlo que es de conocimientos agustinianos y de  una humanidad franciscana”.

Con gran satisfacción doy la bienvenida a esta nueva actividad dentro de la Academia a Don Luis Manuel, como sabemos hombre de Iglesia, Profesor  y  vicerrector  de nuestro Seminario Mayor Arquidiocesano “Nuestra Señora del Socorro de Valencia” y  quien además de sus labores docentes también tiene entre sus responsabilidades el Archivo Arquidiocesano  “Monseñor Dr. Gregorio Adam”.

El Padre Díaz, es un historiador formado dentro de la disciplina con la cual ha construido su vida:  Estudio, dedicación y sacrificio, nada que valga la pena se consigue sin estos elementos básicos, profesional universitario con estudios de postgrado en Historia en la Universidad de Carabobo, y con amplio peregrinar en busca del conocimiento y de la verdad.

Me auxilio nuevamente de mis palabras expresadas en su ingreso a la academia:

Su curriculum tal como hemos visto nos revelan al hombre identificado con su credo, con su patria a través de la formación de jóvenes al sacerdocio, lo cual nos revela su visión de pastor y de maestro, pero no solamente el Padre Díaz, se ha dedicado a la noble y difícil misión espiritual a la cual llegó   con una solida vocación sacerdotal, sino también, se nos revela como un enjundioso historiador que se ha nutrido además de su formación universitaria, con la visita a importantes archivos, donde mediante su formación científica como historiador a buscado donde se debe buscar, ha indagado e interpretado como se debe indagar e interpretar y mediante su sentido de crítica y creatividad a publicado una serie de obras donde se evidencian  datos de gran importancia histórica”.

Su búsqueda de conocimientos lo ha llevado a varias universidades entre ellas  la Pontificia Universidad de Comillas, distinguida casa de estudios superiores de la Compañía de Jesús, con campus en Madrid y en las localidades de Cantoblanco y Ciempozuelos en España, también a la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y a las nuestras, de Santa Rosa de Lima de Caracas y de Carabobo, en nuestra ciudad.  Ha escudriñado en importantes archivos, tanto en nuestro país, como del viejo continente, entre ellos destacamos el Archivo General de Indias de Sevilla.

No olvidamos que entre nuestros historiadores, los religiosos han tenido una actuación muy importante desde los primeros años de nuestra vida como provincia o colonia y luego como nación independiente, la serie de religiosos entre los cronistas de Indias ratifican mi aseveración, Fray Pedro Aguado, quien según Don Guillermo Morón dice: “Pedro Aguado,  el primero de los historiadores de Venezuela de que se tenga noticia”[1]  Fray Antonio Caulin, el Padre Joseph  Gumilla,  misionero jesuita, cuya obra “El Orinoco Ilustrado” es considerada pionera de la antropología y etnología, aunque no se trata de un libro científico como lo entendemos hoy[2],  y mencionamos obligatoriamente a Francisco López de Gomara, autor de la “Historia general de las Indias”.

El Padre Díaz ha encauzado su quehacer de investigador por la misma senda de aquellos pioneros muchos de ellos como nuestro admirado, -un poco exagerado y exaltado-, pero fue tal vez  un promotor de los Derechos Humanos, me refiero al gran Fray Bartolomé de las Casas, quien además de conquistador pacifico y evangélico, fue un gran historiador. En estos tiempos contemporáneos, el capuchino Cesáreo de Armellada (Jesús María García Gómez) quien fuera Individuo de Número (Sillón D) de la Academia Venezolana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española y al caroreño Hernán González Oropeza de la Compañía de Jesús. Y no podríamos dejar de mencionar al hermano Nectario María, de la congregación de los Hermanos Cristianos de La Salle.  Hablar de los meritos de estos y de la deuda con su recuerdo ameritaría muchas páginas y tal vez  nos quedaríamos cortos.

Permítaseme nuevamente la licencia de tomar referencias de mi discurso  de contestación al padre como Miembro Correspondiente que considero obligadas y que describen al Padre Díaz con el valor intrínseco que posee y además bruñido con uno de los valores más grandes de los seres humanos el cual es el de la amistad:

Sabemos que los cuadros y fotografías siempre son más pequeñas que al hombre que retratan y que las descripciones literarias sólo esbozan las personalidades que describen, con estas limitaciones hemos tratado de dibujar a nuestro nuevo académico, no sin antes dejar las palabras de presentación de un amigo y hermano en el sacerdocio: “El padre Luis Manuel fue y ha sido un excelente estudiante e investigador; lo que lo ha convertido ahora en un académico de amplia cultura y formación. Siempre ha sido amante de la historia; se ha preparado en esta área dentro y fuera del país; ha escrito obras que tienen que ver con la historia religiosa y eclesiástica de Valencia y de Carabobo…” Son las palabras del Señor Rector del Seminario Nuestra Señora del Socorro. Presbítero Licenciado Joel de Jesús Núñez Flautes, Quien es también Presidente de la Organización de Seminarios de Venezuela.

         También me apoyaré en las palabras del común amigo y académico Dr. Don Julio Centeno Rodríguez, quien en su carácter de prologuista nos dice: “Ha sabido poner en práctica ese universo de conocimientos epistemológicos adquiridos que lo conducen a evidenciar la verdad verdadera que se encuentra escondida en viejos infolios que reposan en archivo, dentro y fuera del país, en cada trabajo que pacientemente realiza en el campo de la investigación histórica sin ningún tipo de vanidad, lo ha convertido en una de las firmas más consultadas y respetadas de la historiografía regional”

Hoy el Padre Díaz nos ha presentado su Trabajo de Incorporación como Individuo de Número, fruto de sus investigaciones en el Archivo Arquidiocesano de Carabobo y ha tomado como motivo de investigación el momento supremo de la muerte, como actitud ante la vida.  De tratar de conocer la espiritualidad de los primeros pobladores, hablamos de los valencianos de los siglos XVII  y XVIII, y  sus fuentes han sido algunos de los testamentos que reposan en dicho archivo.

Antes de entrar en la materia que nos presenta nuestro recipiendario, quisiera hablar sobre qué tipo de estudio es el presentado y cuál es su clasificación  e importancia.  La Historia ha cambiado mucho desde que Heródoto escribiera “Los nueve libros de la Historia”, quizá los objetivos sean parecidos, pero el enfoque, y el punto de vista difiere. Después de los años de la postguerra europea, es decir luego de 1945, al parecer aquella destrucción horrible de vidas y ambientes, llevaron a los hombres a pensar más en sus pueblos, en sus caseríos, en sus tradiciones destruidas, en preservar los recuerdos más cercanos a su grupo y a su pueblo, nació así la Historia Regional, la Historia Local y/o Microhistoria, más cercanas e importantes para los pueblos que la gran historia épica de héroes, batallas, grandes sacrificios etc., que tenían poca significación en aquellos días de luchas por la supervivencia de vidas y de recuerdos. Así nació el concepto de “Matria”, la historia matria, como la madre, más cercana diferenciándola de la gran Historia o Historia Patria. Podemos destacar que la historia regional, tiene un importante factor o componente geográfico,  la región;  en cambio,  la historia local es la historia de las localidades y la microhistoria, de las casas, fundos, haciendas, parroquias etc. Para algunas Escuelas la historia local y la microhistoria son sinónimos.  Esta visión de la historia no es nueva, ya Don Miguel de Unamuno, en 1895, en su libro “En torno al Casticismo”  reflexionó sobre una visión de la historia  más cercana a lo cotidiano y le dio el nombre de intrahistoria.

En fechas recientes hemos visto como es tema de discusión el considerado polémico concepto unamuniano, el cual es correlacionado por el filólogo Dr. Celso Medina con la visión histórica que en siglo XX fue llamada Microhistoria y cuyo principal ideólogo fue el italiano Carlo Ginzburg[3].  Podemos decir con el Eclesiastés: Nihil Novun sub Sole.

El trabajo de investigación,  está enmarcado dentro de la microhistoria  –según mí percepción-  y es una visión muy importante en la historiografía moderna, voy a citar al historiador y antropólogo venezolano Miguel Acosta Saignes (1908-1989) quien en 1949 advertía; “La manera que los historiadores venezolanos han preferido es la de narrar sucesos bélicos y políticos. Para ellos continúa siendo cierto el criterio ya controvertido desde el pasado siglo que la verdadera historia es la del Estado”[4]   y más adelante nos expresara: “Pero la historia no es el narrar de las efemérides, sino el conocimiento de la formación de la cultura, de su evolución, de los episodios que han ocurrido a elaborar modos de vida y de pensamiento”[5]  

Hoy indudablemente la visión es enteramente distinta a 1949, sin embargo todas las tendencias caben dentro de la visión científica de la historia, y cada quien debe hacer lo que más le guste y que lo haga mejor. La historia regional ha tenido sus pioneros venezolanos en Germán Cardozo Galue, en el Zulia y más cerca de nosotros a Don Arístides Medina Rubio y a Don Luis Rafael García, quien fuera nuestro maestro en los estudios de postgrado de Historia en la Universidad de Carabobo.

Según, vemos se trata de un estudio de investigación histórica estructurado  dentro del punto de vista y las técnicas de la microhistoria. El nombre de dicho estudio es: “Religiosidad y espiritualidad ante la muerte en la nueva Valencia del rey en los testamentos a finales de los siglo XVII y XVIII” Mediante éste, en los testamentos guardados en el Archivo Arquidiocesano de Valencia como fuente, nos lleva el Padre Díaz a conocer una parte del comportamiento de la sociedad valenciana ante el próximo encuentro inevitable con la muerte.

         Nos pone en contacto con la religiosidad de los creyentes ante el momento final de la vida, es claro que los que tenemos fe en la Iglesia de Cristo, creemos en la resurrección de la carne y esperamos por sus promesas dixit ei Iesus ego sum resurrectio et vita qui credit in me et si mortuus fuerit vive

«Marta, credis hoce Ego sum resurrectio et vita». («¿Crees tú esto, Marta? Yo soy la resurrección y la vida.») Vemos que además de ser un documento de carácter legal o jurídico,  el testamento, nos permite conocer la espiritualidad religiosa de los testadores y la voluntad última del creyente ante la proximidad de la muerte. Esta era de una importancia tal, que los Sinodales de 1687 obligaban  a los obispos a garantizar el cumplimiento de la voluntad expresada en dichos instrumentos.

Desde el punto de vista histórico, los testamentos, han servido como auxiliar en procesos de investigación de mucha importancia tal como nos dice Simón Noriega en su obra: “El estudioso de la pintura colonial sabe muy bien cuán útil puede resultar como fuente esclarecedora la consulta de los fondos de testamentarías”[6]  y Don Alfredo Boulton nos deja su muy respetada opinión sobre este tema y  la pintura colonial venezolana: “Pero es indudable que el resultado más importante que se deduce del detallado estudio de esos fondosde Testamentarías es justamente el poner en claro cuán reducido –por no decir nulo- era el conocimiento que hasta hoy se tenía de la pintura de aquel período”[7] Como vemos en estos antecedentes tan importantes los testamentos han sido fuente de investigación y sus resultados modificaron la opinión sobre la pintura colonial en Venezuela.

Los valencianos creyentes tomaban en serio el destino final del hombre como un hecho de la vida, lo cual es absolutamente cierto y verificable, pero igualmente tomaban en serio -según se desprende de los testamentos estudiados por Díaz-  el hecho de nuestra fe, en la resurrección, los cristianos vivimos de esta esperanza a diferencia de los epicúreos para quienes la muerte es el final de todas las percepciones. La muerte es una realidad compleja y puede llevar a dos visiones diferentes: a su banalización o a su dulcificación. Según se desprende de la investigación, esta realidad fue debida a la actitud personalista debida a las conclusiones del Concilio de Trento.

El Concilio Tridentino que duró dieciocho años, de 1545 a 1563, fue una respuesta a la Reforma Protestante, tuvo una gran importancia en el pase de la Edad Media a la Edad Moderna, en él se reafirmó la existencia del Purgatorio, como un lugar para pagar penas.  El concilio tridentino enseña: 1° Que después de la remisión de la culpa y de la pena eterna, queda un reato o sea una parte  de pena temporal. 2° Que si no se ha satisfecho en esta vida debe satisfacerse en el purgatorio. 3° Que las oraciones y buenas obras de los vivos son útiles a los difuntos para aliviar y abreviar sus penas 4° Que el sacrificio de la misa es propiciatorio y aprovecha a los vivos lo mismo que a los difuntos en el purgatorio.

Las consideraciones  anteriores y otras derivadas de las obligaciones canónicas para la lucha contra el Protestantismo, unidas a la mentalidad renacentista dieron origen a una mentalidad o piedad religiosa “personalista”, el Padre Díaz nos dice que esta se manifiesta en la minuciosidad  con que son  realizados los actos del entierro: amortajamiento, vestiduras, Ceremonia, oraciones a los santos o ángeles, las oraciones para la salvación o para remisión de las penas  remanentes o reatos e igualmente las caridades estipuladas en los testamentos. La muerte pues era sentida como un hecho individual.

Hoy ha cambiado la manera de ver la muerte, verdaderamente, mucha gente cree que la muerte no llegará nunca y, para su desengaño, desgraciadamente llega algunas veces casi sin muchos avisos, algunas veces los necesarios sólo para un tardío arrepentimiento.

Otros en su cercanía pretenden alejarla ignorándola, pero, cuando el cuarto jinete se desmonta y nos llama, no hay forma de esconderse ni  de ignorar su ruego.

La muerte como valor cultural cambia con los tiempos y costumbres como integrante de las prácticas sociales, constituye  un valor cultural  de la sociedad y como tal nos ha servido para que el Padre Díaz, nos ilustrara sobre esas prácticas de cómo sentían y preparaban sus “últimos asuntos” ante la proximidad de la muerte los valencianos creyentes estudiados. En esa época el obispo Martí, en esos mismos años constataba la religiosidad del pueblo valenciano, “Este pueblo valenciano es más devoto que vicioso”. Por cierto, para el Dr. Simón Noriega, doctor en Historia, en su obra “Ideas sobre el Arte en Venezuela en el Siglo XIX”. Hablando, sobre este obispo nos dice: “El Obispo Mariano Martí (1721- 1792) Con la relación de su visita (1771- 1774), es indispensable cada vez que queremos enterarnos un poco de los templos coloniales de Occidente y Centro del país.[8]

El padre Díaz, con su investigación, nos ha llevado a reflexiones sobre el momento final de la vida visto por los valencianos de los siglos XVII y XVIII, poniendo de manifiesto que la muerte como parte de las prácticas sociales era importante como cuestión social, pero también tenía gran importancia la creencia en el Evangelio de nuestra fe y en la esperanza de la resurrección.  La mayoría de las mandas de tipo espiritual son resultado de las enseñanzas tridentinas y también destaca nuestro amigo que la personalidad individualista y personalista que se evidencia en los testamentos, sería un legado del mismo Concilio y de la mentalidad renacentista,  que se impuso en las grandes figuras místicas de la Iglesia de la edad de oro de España tales como;  San Juan Ávila, San Ignacio de Loyola, Fray Luis de Granada, Santa Teresa de Jesús  y San Juan de la Cruz, entre otros,  quienes habían seguido un camino de fe y santidad personal e intransferible. “No existen dos senderos iguales”, cada cual desarrollará su propia vida y su camino de acuerdo a sus factores personales.

Aunque la  fe  es centralizada y todos los hombres sin importar su rango o estatus social o económico creen en lo mismo. Se evidencia en los favoritismos de  santos patronos  la diferencia de estrato social, algunos patronos son más de las clases altas y otros de las clases más desposeídas. No olvidemos que los años investigados son época de división social profunda  y esta se manifiesta en dicha investigación.

Felicitamos pues, a nuestro nuevo Individuo de Número por su interesante investigación y esperamos con seguridad que continuará con su dedicación a los viejos documentos y nos traiga nuevas noticias de historias viejas, que nos deparen motivos de reflexión, estudio y discusión los cuales son la vida de las academias.  He recordado a un viejo libro, regalo de mi padre hace casi sesenta años, llamado “Educación y mundología”, de cuyas páginas leo: “El hacer testamento es un ejemplo de previsión, de calma ante lo inevitable, de serenidad de ánimo ante la muerte, que se debe dar siempre a los que quedan.”[9]  Es decir el valor de la muerte vivida de que nos habla el padre Díaz.

Y al final ¿qué queda de nosotros los hombres?, del Libro de la Sabiduría[10], tomamos algunas reflexiones: de Justos e impíos en el Juicio.

¿De qué sirvió nuestro orgullo?

¿De qué la riqueza y la jactancia?

Todo aquello pasó como una sombra, como noticia que va corriendo;

como nave que rompe el mar agitado y no es posible descubrir la huella de su paso.

Ni la estela de su quilla en las olas;

como pájaro que volando atraviesa el aire,

Y de su paso no se encuentra vestigio alguno.

En efecto la esperanza del impío es como brizna llevada por el viento.

Los justos, en cambio, viven eternamente.

Muchas Gracias, señores.



[1] Morón Guillermo.  Los Cronistas y la historia. Ediciones del Ministerio de Educación. 1957. Caracas, p. 14.

[2] José Gumilla, “El Orinoco Ilustrado” Ed. Oscar Rodríguez Ortiz. Los libros del Nacional. Caracas, Venezuela.1999. p. 5.

[3] Medina Celso. Intrahistoria, Cotidianidad y Localidad. Atenea, 2009,  N° 500,  p. 123

[4] Morón Guillermo. Prólogo a Noticias Historiales de Venezuela, Fray Pedro Simón, Biblioteca Ayacucho, Caracas, Venezuela. 1992.  P. XXIII.

[5] Idem.

[6] Noriega Simón. Ideas sobre el Arte en Venezuela. Universidad de los Andes, Ediciones del Rectorado.  Mérida.  1993. P

[7] Boulton Alfredo. Historia abreviada de la Pintura en Venezuela. T.1 Época colonial. Monte Ávila Editores. Caracas., 1971. P 27.

[8] Noriega Simón. Ideas sobre el Arte en Venezuela. Universidad de los Andes, Ediciones del Rectorado.  Mérida.  1993. P.  12

[9] Antonio de Armenteras 1959.  Enciclopedia de la Educación y Mundología. Edit. De Gassó Hnos. Barcelona, España.  P. 396

[10]  Biblia de Jerusalen, 1967.  Desclée de brouwer. Edit. Española Desclée de Brouwer. Bilbao, España.