Por
José Alfredo Sabatino Pizzolante

Individuo de Número, Sillón “B”

La incorporación de miembros correspondientes a esta Academia siempre resulta motivo de complacencia, pues abre las puertas a nuevos investigadores interesados por la historia, de la que tanto nos falta indagar, compilar, analizar y escribir. Pero si motivo de complacencia ya es, la ocasión se torna jubilosa cuando a quien se recibe es un joven –Elvis López- quien desde hace tiempo viene mostrando un marcado interés por esta disciplina y el acontecer de su entorno. De allí nuestra satisfacción por la tarea que se nos encomienda hoy, cual es la de dar contestación a su Discurso de Incorporación como Miembro Correspondiente a la Academia de Historia del Estado Carabobo, quien lo recibe en este solemne acto como un nuevo representante de la costa carabobeña, sumándose a los nombres de Miguel Elías Dao, José Ramón López Gómez, Miguel Flores Sédek, Asdrúbal González y quien les habla.
Nuestro recipiendario, Lic. Elvis David López Navas, posee un título de Politólogo otorgado por la Universidad de los Andes y una maestría en Sociología y Desarrollo Humano, cursada en la Universidad de la Habana, a través de la Cátedra Unesco, Convenio Cuba-Venezuela. Se desempeña, además, como Docente Instructor en el Instituto Tecnológico de Puerto Cabello, en donde regenta la  Cátedra de Patrimonio Turístico, posición desde la cual viene desarrollando un importante trabajo en la formación de jóvenes, valoración del patrimonio turístico local y su promoción. A la par de sus actividades docentes se ha dedicado con ahínco a la investigación histórica, produciendo un importante número de artículos y ensayos cortos sobre diversos temas que giran en torno a Puerto Cabello y Mora, publicados principalmente en las páginas del “Diario La Costa” de la ciudad marinera, y los diarios “Notitarde” y “El Carabobeño”, además de los sitios web de nuestra Academia y el portal Puerto Cabello Digital. Entre los variados temas abordados por él, se cuentan los rasgos biográficos del General José Félix Mora –a quien se encuentra vinculado familiarmente- y cuyos resultados nos presenta hoy, en el discurso que ahora respondemos.
No le resulta extraña la Academia a quien ahora recibimos, pues desde hace tiempo se nos acercó mostrando interés por nuestras actividades, ávido por conocer lo que aquí acontecía y compartir sus hallazgos, sobre todo aquellos producto de sus búsquedas en los archivos y viejos periódicos. No fue casualidad la invitación que entonces le hicimos, para sumarlo al grupo de colaboradores del sitio web de nuestra Academia, convirtiéndose en articulista regular de ella.
Aborda Elvis la figura de José Félix Mora a quien identifica como uno de los representantes más conspicuos del caudillismo venezolano, fenómeno éste generador de personajes que dotados de don de mando, carisma y, en ocasiones, de cierta inteligencia, reclamaron para sí el control de espacios geográficos exigiendo la obediencia de sus coterráneos, en cobro a sus abnegados y “desinteresados servicios”, dirigidos a la liberación de la patria de enemigos internos y externos. Sin embargo, se queja el recipiendario sobre la forma cómo su biografiado ha sido desdibujado por la historiografía patria, valiéndose para ello de los juicios de Ramón J. Velásquez, Alfonzo Marín, Nikita Harwich Vallenilla y Asdrúbal González  quienes, en opinión de López, se limitan tan solo a caracterizar al personaje sin aportar elementos que permitan la cabal compresión de sus ejecutorias y su ubicación en el contexto histórico.
Dos aspectos nos gustaría resaltar del discurso que nos corresponde responder. El primero de ellos está referido a la fundamentación documental, imprescindible para darle soporte a la relación biográfica presentada y a los juicios emitidos. La lectura de las fuentes impresas utilizadas, muy especialmente las fuentes primarias localizadas en los archivos eclesiásticos y del registro público, hablan muy bien del interés de Elvis por buscar el dato preciso, desmontando así afirmaciones generalmente aceptadas o repetidas por otros, ajenas a la verdad histórica. Para el investigador actual, la búsqueda y revisión de las fuentes primarias no es tarea fácil; las precarias condiciones de muchos archivos representa quizá el principal obstáculo, además de la disponibilidad misma de los libros y legajos, a veces desaparecidos o destruidos por la acción del tiempo y del hombre. Elvis asume el reto con tenacidad, escudriñando en los viejos folios el dato preciso que emerge de una caligrafía no siempre fácil de entender. Ha revisado, igualmente, una copiosa hemerografía del siglo XIX y principios del siguiente, tan rica en información pero en ocasiones tan tediosa de consultar. Nos consta que es un asiduo lector de la vieja prensa, hábito que se nos ocurre afirmar debe haber cimentado en su época estudiantil merideña, al tener la oportunidad de visitar periódicamente la hemeroteca de don Tulio Febres Cordero, indudablemente, uno de los repositorios documentales más valiosos del país. En lo personal nos ubicamos dentro de ese grupo que antes de entrar al contenido de un trabajo, nos referimos a iniciar su lectura, procedemos a la revisión de las fuentes a los fines de evaluar si la tesis del autor es una original y si nos aporta elementos nuevos y originales sobre el tema que abordará. En este sentido, la investigación que hoy nos presenta Elvis López nos brinda confianza.
El segundo aspecto que queremos resaltar tiene que ver con el contenido mismo y el aporte de nuevos elementos para conocer mejor al biografiado. Pero antes de referirnos a este aspecto en concreto, es menester señalar que el trabajo en comento, de manera subyacente, toca un tema de extraordinaria vigencia para los venezolanos, como lo es el caudillismo, figura que creímos en algún momento, y al menos en parte, haber dejado atrás con la larga y férrea dictadura del Gral. Juan Vicente Gómez, pero que resurge en las dos últimas décadas con nuevos bríos. Como lo señala el historiador Elías Pino Iturrieta, el caudillo es el gran protagonista del siglo XIX y al parecer, agregamos nosotros, también del siglo XXI. Sea que el caudillo se sienta con derecho a imponer su dominio en paga por sus sacrificios personales y servicios militares, o que su figura adquiera el ropaje del “gendarme necesario”, concepto convenientemente esbozado por los mismos intelectuales beneficiarios del dictador, lo cierto es que la actuación del caudillo generalmente está asociada al desapego a la legalidad y el proceder autoritario. Nuestro pasado tiene muchas historias de los desmanes de estos caudillos, que es lo mismo decir las arbitrarias ejecutorias de los hombres de armas sobre la población civil. Recordemos, por ejemplo, el enfrentamiento entre la municipalidad porteña y el Gral. José Antonio Páez ocurrido en 1824; el entonces Comandante Militar de la plaza, Coronel Manuel Cala, se quejaba ante el Gral. Páez de la poca colaboración que recibía de los Alcaldes y el Ayuntamiento, por lo que el Gral. Páez oficia al Intendente Escalona, solicitando ordenara a la Municipalidad el cese de las trabas. Así lo hizo, desatando una airada respuesta de los Alcaldes Joaquín Mendiri y Vicente Michelena, quienes afirmaban que Cala había dicho medias verdades, escribiendo valientemente que lo que ha querido decirle “es que nosotros no cooperamos con él a hostilizar, depredar y vejar a los ciudadanos, como cada rato se pretende…”. Encontrándose Páez en Puerto Cabello llamó a los miembros del Ayuntamiento en pleno, y ratificando Michelena sus argumentos, exasperado Páez quien le reclama los términos poco decorosos “contra los beneméritos ciudadanos que les han dado a costa de su sangre, su seguridad, y tranquilidad, como libertadores de esta patria tan querida”, expulsó a Michelena de la ciudad, ordenándole fuera a Caracas a ponerse a la orden del Intendente. La Municipalidad protestaría en pleno por vulnerar aquél la dignidad de ese cuerpo, otorgando poder a José Julián Ponce para que acudiese a la Corte Superior de Justicia a defender los derechos del municipio, pues si el Alcalde había dado razones para su separación, correspondía a la Corte conocer de manera exclusiva las causas de suspensión y separación, y no al General Páez en un claro abuso de poder. Este episodio fue extensamente descrito por don Lucas Guillermo Castillo Lara, para quien el enfrentamiento pone de relieve las diferentes visiones que tenían los actores del proceso independentista: “Por una parte, el poder militar que habiendo hecho los mayores sacrificios y soportado el peso de la guerra, se creía autorizado a imponer su voluntad como ley, olvidando el nuevo orden de derecho; por el otro, el poder civil representado en el Ayuntamiento que aspiraba a la vigencia plena de la ley”.

El caudillismo continúa presente y como fenómeno debemos estudiarlo. Se trata de un caudillismo del siglo XXI. Conviene recordar que muchos caudillos de influencia se creyeron con el derecho de exigir a toda costa, la sumisión de los ciudadanos por los valiosos servicios prestado a la patria. Por ello no deja de sorprender la conducta ciudadana de hombres como el Gral. Bartolomé Salom quien, pese a sus trayectoria militar y hazañas, no reclamó favores ni privilegios de ninguna especie, o la conducta del Gral. José Félix Mora que decide hacer política, sometiéndose a sus reglas pero también a las duras críticas.
Así, del discurso de Elvis López emerge un bien hilado relato y un personaje que –en sus palabras- “sorteará dificultades, se llenará de bríos y forjará su espíritu guerrero”, marcando así la transición del peonaje a la política, a la que dedica gran parte de su vida. Nos aclara el nuevo académico, de manera definitiva, el parentesco entre Juan José y José Félix Mora valiéndose para ellos de documentos eclesiásticos y testamentarios, así como su lugar de nacimiento erróneamente asociado a Alpargatón.
Resalta, Elvis, el hecho de que el Gral. Mora superando los escollos de la Guerra Federal se enrumba por la carrera política, representando de cierta manera un caso atípico del caudillo criollo. Es así como al militar le suceden su condición de parlamentario, Jefe Civil de Puerto Cabello, Presidente del Concejo Municipal y Gobernador del Estado Carabobo, siempre abanderado del partido liberal amarillo en la región y, como tal, seguidor de Antonio Guzmán Blanco y Joaquín Crespo, desarrollando una intachable carrera política, que le hizo merecedor del mayor respeto.
Así las cosas, cuando a principios de septiembre de 1885 aparecen letreros en las paredes de las casas del puerto ofensivos al Gral. Mora, un grupo de ciudadanos escribe: “Para el modesto y progresista general Mora, no tiene ni puede tener la culta Puerto Cabello, más que amor y gratitud…”. En el proceso eleccionario de aquel año las facciones del Dr. Valbuena y el Gral. Escarrá mantenían violentos enfrentamientos,  trata el Gral. Mora, entonces Jefe Civil del Distrito, de contener la situación para lo cual dicta un decreto a fin de poner a raya a las partes enfrentadas, medida que celebra la prensa regional por su imparcialidad, aunque a decir verdad las presiones sobre él terminan obligándole a poner preso al Dr. Valbuena. Sin embargo, hay consenso sobre el carácter probo de su gestión y ejecutorias públicas.
La Academia tiene frente así importantes retos, entre los que se cuentan ser guardián del acervo documental y preservar la memoria histórica regional. No son tareas fáciles en razón de los tiempos que vivimos, especialmente la falta de recursos económicos tan necesarios para garantizar la preservación de nuestro patrimonio documental y financiar investigaciones sobre temas requeridos de atención. En lo personal, sin embargo, nos parecería una actitud irresponsable el resumir toda la problemática a la falta de recursos, pues muchas cosas se pueden hacer mientras tanto, requiriéndose tan solo para ello una gran voluntad de “hacer”. Nuestra Academia está empeñada en renovarse y dentro de lo que se puede hacer está sumar a esta corporación a los jóvenes de talento, interesados en la investigación histórica. Hay numerosos temas pendientes de estudio en Carabobo, y si no se ha acometido la tarea no es precisamente por la falta de recursos económicos. Las fuentes abundan, están allí a la espera de ser fichadas y analizadas por el historiador. No sin cierta queja apunta Ángel Lombardi que “el adolescente tiene hambre de presente, porque sabe o presiente que allí se juega su futuro”, instintivamente “rechaza el pasado como cosa muerta”. Lo que ignoran muchos jóvenes es que, como dijera Benedetto Croce “la historia siempre es contemporánea” y de allí, decimos, su constante revisión y ampliación. Del pasado surgen hechos que ofrecen respuestas, en ocasiones, acerca de los aciertos y miserias del presente, hechos que aún sin ofrecer tales respuestas sirven para una profunda reflexión sobre nuestras carencias, animando a la búsqueda de nuevos y mejores derroteros. En otra palabras, somos lo que fuimos, podríamos ser lo que no somos.

El reto de nuestra Academia es atraer a esos jóvenes, sumarlos y convertirlos en guardianes de la memoria histórica, educándolos según el decir del hoy académico Tomás Straka, en el ejercicio de la historia como fuente de ciudadanía y libertad. La actual Junta Directiva está comprometida con ese reto, que también debe serlo para todos sus individuos de número y miembros correspondientes. Este acto de incorporación es prueba de ello.
Para terminar, se nos ocurre que la exposición de nuestro recipiendario contiene los elementos necesarios para desarrollar una futura biografía del Gral. Mora. Para ello tiene la madera del investigador acucioso y deberá aprender la paciencia del buen orfebre. Después de todo, nuestra historia no ha escapado y al parecer no escapará, de la presencia e influencia del elemento castrense en el orden civil y ciudadano, por lo que siempre nos resultará de particular interés entender sobre cómo llegamos allí y conocer sobre quiénes luego de ejercida esa influencia para bien o para mal, son juzgados por la historia.
Muchas gracias señores, bienvenido Elvis.
Valencia, 01 de diciembre de 2017.